
Tras el tiempo dedicado a los himnos de la Comunitat Valenciana y de España, la primera ovación cerrada de la tarde se la llevó Morante en las verónicas de recibo al primero. Tocadito ese toro del pitón derecho, pareció más azucarado de lo que realmente fue. Un cierto gazapeo y un derrote al final de cada muletazo, hizo que la faena de Morante fuera como un diente de sierra. También una sinfonía sin rematar del todo, pero detalles de torería y, de vez en cuando, muletazos marca de la casa, con hondura, ritmo y compás. Cargada sobre la mano izquierda, la faena tuvo destellos, como dos monumentales naturales llenos de expresión. Al final, un par de tandas con la derecha de empaque. La estocada cayó desprendida y Morante se quedó sin premio.
Álvaro Nuñez, Torrealta / Morante, Roca, Rufo
Cinco toros de Álvaro Núñez y uno (1º) de Torrealta, bien armados, pero desiguales de presentación. El remiendo y los dos últimos, más serios. Justos de fuerzas, nobles, de escasa raza y de notable mansedumbre cuarto y quinto. Cumplidores en varas.
Morante de la Puebla: estocada algo desprendida (saludos tras petición); tres pinchazos y media (saludos con algún voto en contra).
Roca Rey: estocada desprendida _ aviso _ (oreja); estocada perdiendo muleta _ aviso _ (oreja). Salió a hombros por la puerta grande.
Tomás Rufo: estocada algo desprendida (oreja); pinchazo y estocada (silencio).
Plaza de Valencia. 9 de octubre, Día de la Comunitat Valenciana. Lleno (unos 11.800 espectadores). El banderillero Javier Gómez Pascual, se cortó la coleta al finalizar el festejo.
El diestro peruano salió a hombros tras cortar dos orejas a una corrida descastada y mansa de Álvaro Núñez
Tras el tiempo dedicado a los himnos de la Comunitat Valenciana y de España, la primera ovación cerrada de la tarde se la llevó Morante en las verónicas de recibo al primero. Tocadito ese toro del pitón derecho, pareció más azucarado de lo que realmente fue. Un cierto gazapeo y un derrote al final de cada muletazo, hizo que la faena de Morante fuera como un diente de sierra. También una sinfonía sin rematar del todo, pero detalles de torería y, de vez en cuando, muletazos marca de la casa, con hondura, ritmo y compás. Cargada sobre la mano izquierda, la faena tuvo destellos, como dos monumentales naturales llenos de expresión. Al final, un par de tandas con la derecha de empaque. La estocada cayó desprendida y Morante se quedó sin premio.
Descastado y deslucido fue el cuarto que no dejó expresarse a Morante. Solo con la capa, con faroles de recibo más chicuelinas al paso con serpentina final, para llevar al de Núñez al caballo. Ahí acabó la historia. Intentos vanos con la muleta y desconfiado al matar. El público le obligó a saludar, y la ovación supo a despedida de esta plaza.
Roca se descaró con el segundo ya con el capote. Un racimo de verónicas rematadas en la boca de riego. Muleta en mano, tras un leve tanteo, rodillas en tierra para combinar cambiados por la espalda y por alto. A partir de ahí, todo el esfuerzo fue del torero, con un toro que no terminaba de entregarse y se vino a menos. Sacó la raza Roca para montar un trabajo sin respiro, de entrega total.
El final fue como un castillo de fuegos artificiales: aguante a milímetros de los pitones, circulares, algún rodillazo suelto y riesgo absoluto. Ni la presencia de un helicóptero en todo lo alto de la plaza, desprendiendo un ruido ensordecedor, apagó la atención del propio torero y de la gente.
Pintaban bastos con el quinto, el más serio que salió por toriles, porque los dos primeros tercios fueron una demostración de mansedumbre absoluta. Tampoco se barruntaba mucho al inicio de faena, porque el toro huía de su propia sombra. Pero una tanda sobre la derecha, con la muleta de pantalla total, hizo que el toro se entregara a medias. Todo lo demás lo puso Roca. No fue una faena de exquisiteces, pero sí de dominio de la situación, con mando en plaza, y de hacerse con la voluntad de un toro que siempre miró de reojo a las tablas. Dominado el toro, Roca se lo trajo y llevó bajo su absoluta voluntad. No fue un juguete en sus manos, pero casi.
Al torillo que saltó en tercer lugar, colorado ojo de perdiz, de tipo anovillado, Rufo le hizo de todo. Llegó con manifiesta mansedumbre a la muleta, saliéndose de la suerte y buscando con descaro las tablas. La virtud de la faena de Rufo fue dejarlo donde más cómodo se encontraba, en los adentros y en el terreno próximo a toriles. Desde ese momento la faena fue de un dominio aplastante del torero, que lo toreó como quiso y cuando quiso. Lo mejor, una tanda de tres naturales, lenta y honda. Lo demás fueron alardes ante un toro vencido por la superioridad del torero. Un toro tan dulce y noble como falto de emoción. Las manoletinas de cierre, con un cambiado de rodillas, terminaron por convencer a la gente.
Nada que rascar con el sexto. Un mulo que se paró muy pronto después de un inicio de obediencia muy sosa, que frustró las aspiraciones de un Tomás Rufo cuyo esfuerzo resultó estéril.
Cinco toros de Álvaro Núñez y uno (1º) de Torrealta, bien armados, pero desiguales de presentación. El remiendo y los dos últimos, más serios. Justos de fuerzas, nobles, de escasa raza y de notable mansedumbre cuarto y quinto. Cumplidores en varas.
Morante de la Puebla: estocada algo desprendida (saludos tras petición); tres pinchazos y media (saludos con algún voto en contra).
Roca Rey: estocada desprendida _ aviso _ (oreja); estocada perdiendo muleta _ aviso _ (oreja). Salió a hombros por la puerta grande.
Tomás Rufo: estocada algo desprendida (oreja); pinchazo y estocada (silencio).
Plaza de Valencia. 9 de octubre, Día de la Comunitat Valenciana. Lleno (unos 11.800 espectadores). El banderillero Javier Gómez Pascual, se cortó la coleta al finalizar el festejo.
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