Sillas, pipas y bocatas: la lucha de Córdoba para mantener vivos sus cines de verano

Proyección de 'Tadeo Jones y la lámpara maravillosa' en el Cine de verano Coliseo San Andrés, en Córdoba.

Un puñado de sillas de plástico sobre el albero, recién regado. Bocadillos y refrescos para la cena, pipas para después. Y una fachada blanca como pantalla. Enfrente, familias enteras dispuestas a disfrutar del cine a cinco euros la entrada. Toca Tadeo Jones y pronto será el turno de Spider-Man y La Odisea. El Coliseo San Andrés es el único cine de verano abierto en Córdoba y este miércoles estaba prácticamente lleno. Es la muestra de la pasión que despiertan estos espacios en la ciudad andaluza, donde son una tradición de gran arraigo, en buena parte por la posibilidad de ocio barato para escapar al calor. Este año han cerrado los otros dos que quedaban. Y ahora una plataforma lucha para que vuelvan a la vida, sean adquiridos por el Ayuntamiento y obtengan protección como Bien de Interés Cultural (BIC) para que nunca desaparezcan.

Seguir leyendo

Varias personas entran en el Cine de verano Coliseo San Andrés, en Córdoba.Miembros de la coorodinadora SOS salvemos los cines de Verano, en la puerta del cine de verano Fuenseca, cerrado este año.Carteles de la coordinadora SOS salvemos los cines de verano, en el barrio de San Agustín (Córdoba). Llegó a existir una red de medio centenar de espacios, pero este año cerraron dos y hoy solo queda uno. Una plataforma reivindica su valor y pide que el ayuntamiento los compre  

Un puñado de sillas de plástico sobre el albero, recién regado. Bocadillos y refrescos para la cena, pipas para después. Y una fachada blanca como pantalla. Enfrente, familias enteras dispuestas a disfrutar del cine a cinco euros la entrada. Toca Tadeo Jonesy pronto será el turno de Spider-Man y La Odisea. El Coliseo San Andrés es el único cine de verano abierto en Córdoba y este miércoles estaba prácticamente lleno. Es la muestra de la pasión que despiertan estos espacios en la ciudad andaluza, donde son una tradición de gran arraigo, en buena parte por la posibilidad de ocio barato para escapar al calor. Este año han cerrado los otros dos que quedaban. Y ahora una plataforma lucha para que vuelvan a la vida, sean adquiridos por el Ayuntamiento y obtengan protección como Bien de Interés Cultural (BIC) para que nunca desaparezcan.

La tradición cinéfila de Córdoba viene de lejos. Hace más de un siglo que funcionan —el propio Coliseo se estrenó en 1935 con la proyección de Sor Angélica— y entre los años cincuenta y sesenta del siglo pasado llegó a existir una red hasta medio centenar de cines de verano distribuidos por todos los barrios. La llegada de la televisión y el vídeo doméstico provocó su decadencia, pero muchos sobrevivieron y en 1986, con Julio Anguita como alcalde, fueron protegidos por las normas urbanísticas. Desde entonces estuvieron muy ligados a la figura de Martín Cañuelo, empresario que durante décadas gestionó varios de ellos —Fuenseca, Delicias y Olimpia— con una programación singular, generalmente alejada de las carteleras de actualidad y sus estrenos rimbombantes. Falleció en 2023, dejando huérfana de cine a la ciudad andaluza.

Al año siguiente, el hostelero Antonio Amil arrendó —con derecho a compra— los tres, pero solo abrió Fuenseca y Delicias, porque Olimpia se encontraba —y encuentra— en estado de abandono y su apertura no es segura, como indica un informe de la Gerencia Municipal de Urbanismo y se comprueba a simple vista en su fachada, escondida entre las callejuelas del centro histórico. Aquella apertura parecía una vuelta a la normalidad. La afluencia rozó las 300 personas por cine y sesión, pero poco a poco decayó hasta las 120, según los datos del empresario. En 2025 no fue mejor. Y Amil decidió no abrir este año. No tanto por el escaso beneficio como por la precariedad en la que lo hacía. “No hay licencia de apertura ni de proyección. He hablado con el Ayuntamiento, pero no hay forma de que las conceda. Y así no se puede seguir porque es un riesgo”, destaca el empresario desde Argentina, donde se encuentra actualmente. “Con ellas hubiera abierto este verano”, insiste quien ha presentado proyectos —como la construcción de aparcamientos subterráneos o un restaurante— que siempre le han negado desde Urbanismo. “Quiero que sean cines cada verano, pero el resto del año deben servir para otros usos y, así, obtener rentabilidad”, indica.

Amil ejecutó la opción de compra de 300.000 euros que tenía sobre los cines esta primavera, misma cifra por la que el Ayuntamiento de Córdoba rechazó adquirirlos —ejerciendo su derecho de tanteo y retracto— en enero (también tuvo otra oportunidad por 400.000 el año anterior). El municipio le ofreció en junio esa misma cantidad, pero el empresario los vende ahora por 850.000 euros. Y lo hace, según explica, para recuperar todas las inversiones acumuladas tanto de alquiler —10.000 euros al trimestre— como en reformas, equipos o personal.

“Había que organizarse”

La doble negativa municipal a adquirir los espacios soliviantó a la ciudadanía. “Es patrimonio local y tendrían que haberlos comprado”, lamenta Valle López-Tello, portavoz de la coordinadora SOS Cines de Verano, entidad nacida a finales de junio y que el propio Amil ve con buenos ojos porque buscan que la tradición continúe. Hoy la plataforma está formada por una treintena de asociaciones, cuyo primer paso fue intentar averiguar por qué el municipio no adquirió los recintos cuando pudo. El segundo, ejercer presión para que lo haga ahora presentando más de 5.000 firmas y el apoyo de personalidades como Ana Belén, Aitana Sánchez Gijón, Fernando Tejero o Antonio De la Torre, entre otros muchos.

El tercero fue elaborar un informe para impulsar la declaración de los cines de verano como Bien de Interés Cultural (BIC) en su categoría de bien etnológico. El Consistorio ya aprobó en 2023 iniciar el procedimiento, pero la coordinadora denuncia que el acuerdo quedó guardado en un cajón. “Como ellos no lo hicieron ni lo van a hacer, pues nos pusimos nosotras manos a la obra”, afirma Isabel Donnier, activista social y una de las siete mujeres —entre las que se encuentran arquitectas, historiadoras, una periodista y una etnóloga— que han redactado el informe. Tiene 111 páginas y argumenta, con detalle, los valores culturales, identitarios, sociales, comunitarios, participativos, urbanísticos o ecológicos de los cines de verano. “Hay muchos motivos, pero uno de los más relevantes es el intercambio vecinal que se produce en ellos”, argumenta Donnier.

Para compensar el cierre de los tres míticos cines, tanto ella como otras personas han impulsado estas últimas semanas —sin pedir permiso alguno— varias proyecciones en distintas plazas gracias a la colaboración vecinal. “Unos te dejan enchufar el proyector, otros traen sillas”, subraya Donnier. Las numerosas personas asistentes han podido disfrutar con Un perro andaluz o Viaje a la luna acompañadas por música en directo. “Lo bonito es que es una iniciativa ciudadana y no depende de nadie. Ocupas el espacio público y luego te quedas allí de cháchara con tus vecinas, que es justo lo que reivindicamos”, añade. Sostiene, además, que los cines de verano siempre fueron refugios climáticos incluso antes de que se acuñara ese término. “Son un patrimonio casi emocional de esta ciudad”, dice Eduardo de la Torre, miembro de la asociación La Filmoteca se queda. “Es que no hay nada igual”, señala quien se considera optimista. “Creo que la presión va a servir para que reabran. No sé si lo hará el Ayuntamiento, la Junta o cómo, pero debe ser la iniciativa pública de una manera u otra”, confía De la Torre.

El Ayuntamiento de Córdoba, por su parte, defiende la gestión realizada por el alcalde, José María Bellido (PP), muy criticado por la plataforma. Fuentes municipales aseguran que el Consistorio es consciente del “valor emocional” que tienen estos recintos pero que rechazó a su derecho a tanteo porque los herederos de Martín Cañuelo incluían en el contrato una cláusula que obligaba al comprador a usar el espacio como cine cada verano. “Y el municipio no puede ejercer esa actividad ni puede garantizar que lo haga un tercero”, exponen las mismas fuentes, que descartan la compra por 850.000 euros: “No vamos a entrar en una operación de especulación de un privado”. Ahora el Ayuntamiento busca, de la mano de la Junta de Andalucía, “una solución jurídica” —como dijo la consejera de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo— para que los cines puedan ser municipales o explotados por el consistorio bajo propiedad de la administración andaluza.

“Es poco rentable, pero me encanta”

Javier Gómez es peluquero de día y exhibidor de cine de noche. Este empresario cordobés lleva desde los 10 años ligado al mundo de las proyecciones, primero en la plaza de toros de Córdoba y ahora en el Coliseo San Andrés, el único cine de verano abierto hoy en Córdoba. Sostiene que, aunque haya días de aforo completo, la media de asistentes ha rondado las 200 personas cada día —la mitad de la capacidad— y recuerda que las distribuidoras se llevan el 60% de la taquilla. Además, paga 10.000 euros de alquiler por el recinto en la temporada estival, afronta los gastos de mantenimiento durante el resto del año y las nóminas de las 10 personas que trabajan con él. “Saco poco más que un sueldo. Es poco rentable, pero esto me encanta”, relata. Gómez cree que la coordinadora SOS Cines de Verano “ha politizado demasiado el asunto” y no entiende que estos espacios deban ser comprados por las arcas públicas. “¿Si cerrasen las tabernas históricas de la ciudad porque no sean rentables también tenemos que comprarlas con el dinero de todos los cordobeses?”, se pregunta. “Si la gente quiere que haya cines de verano, lo que tiene que hacer es comprar su entrada, ir a ver películas y, así, ayudar a que sigan existiendo”, sentencia.

 Feed MRSS-S Noticias

Te Puede Interesar