Omar Ayuso, actor: “Yo concibo el sexo como un juego en el que puede caber el amor”

Hace frío en la sala de ensayos de Nave 10 Matadero, pero Omar Ayuso (Madrid, 28 años) se desnuda en un santiamén, sube al escenario y ejecuta con calidez y ternura una escena íntima con José Juan Rodríguez. Pasar frío forma parte de los gajes de este oficio. Quitarse la ropa es una de las exigencias del guion de La forma humana, la nueva obra del director y dramaturgo Pablo Messiez.

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 Catapultado a la fama hace una década por la serie ‘Élite’, vuelve al teatro con ‘La forma humana’, la nueva obra de Pablo Messiez. “Tengo la suerte de ser un privilegiado, pero no he perdido la conciencia de clase”, asegura  

Hace frío en la sala de ensayos de Nave 10 Matadero, pero Omar Ayuso (Madrid, 28 años) se desnuda en un santiamén, sube al escenario y ejecuta con calidez y ternura una escena íntima con José Juan Rodríguez. Pasar frío forma parte de los gajes de este oficio. Quitarse la ropa es una de las exigencias del guion de La forma humana, la nueva obra del director y dramaturgo Pablo Messiez.

Ayuso, Rodríguez, Cris Blanco y Rebeca Hernando llevan dos años preparándose para este espectáculo, una reflexión sobre el cuerpo, la imagen y las relaciones. Messiez ha creado los papeles exprofesopara los cuatro actores. “En esta obra soy yo más que nunca”, reconoce Ayuso sobre su personaje, un actor gay. La forma humana se estrena el 14 de noviembre en el festival Temporada Alta en Girona y desde el 20 de noviembre se podrá ver en Nave 10, en Madrid.

Pregunta. De esta obra se desprende una reflexión sobre el deseo y el sexo. “El sexo es para divertirse, el amor es otra cosa”, dice uno de los personajes. ¿Está de acuerdo?

Respuesta. Conecto profundamente con esa idea. Si me paro a pensarlo fríamente, creo que el amor y el sexo son dos cosas distintas que a veces pueden ir juntas. Existe el sexo con amor, pero también hay sexo sin amor y no por eso es un sexo menos emotivo. Concibo el sexo como una actividad particular, como un juego que tiene que ver con rascarse, con ponerse la lengua allí y acá… Y en ese juego a veces puede caber el amor.

P. Uno de los personajes habla de un concepto, el del “núcleo oscuro”, esa parte de nosotros mismos de la que no nos atrevemos a hablar. ¿Ha encontrado su núcleo oscuro preparando esta obra?

R. Creo que eso es algo que no se comparte, ¿sabes? ¿O la intimidad se comparte? Sí, quizá se puede compartir, pero no en una entrevista.

P. Su pareja de ficción le dice: “¿Qué se puede esperar de un actor, alguien que busca el aplauso?” ¿Cómo se lleva usted con el aplauso?

R. Yo, personalmente, me he sentido aceptado y querido desde un principio. Rebeca [Hernando], mi compañera en La forma humana, me dijo algo muy útil hace unos días: “Hay que hacer esto para gustarse a uno mismo, no para gustar a los que están viendo”. Creo que enfocarlo hacia ahí hace todo bastante más agradable. Pero luego, como ocurre con el sexo y el amor, entran en juego la costumbre, lo heredado y lo aprendido, y todo se complica.

P. Con 18 años se convirtió en una estrella global. Diez años después, sigue siendo “el chico de moda”. ¿Tiene miedo a dejar de serlo?

R. No quiero que me importe, pero a veces me importa. Genuinamente no encajo con esa manera de entender la vida, el trabajo y a mí mismo, pero a veces lo pienso. Hay muchos complejos. Lo del chico de moda también tiene connotaciones negativas. A veces nuestra industria es muy clasista y haber salido de la serie de la que yo salí [Élite, el exitoso thriller adolescente de Netflix], o hacer reportajes de moda, o ser activo en redes sociales, todo se puede ver un poco mal. Pero me voy haciendo mayor y me la va pelando todo un poco más.

P. ¿Es verdad que a los actores de su generación se les exige estar muy presentes en las redes y tener muchos seguidores? Dicen que conseguir o no un papel puede depender de eso.

R. A mí me gustan las redes porque me gustan las redes. Ya me gustaban antes de dedicarme a esto. Las redes tienen algo de vanidad y yo ya venía de casa con eso: me gusta mostrarme, buscar aprobación, conectar con los otros. Sé que pasa esto de que los seguidores importan para que te cojan en un proyecto o no, pero a mí no me ha pasado. También es verdad que no ha sido un condicionante para mí porque los seguidores ya los tengo [tiene 3,4 millones de seguidores en Instagram]. De nuevo, alguna vez esto también me ha jugado en contra.

P. En La forma humana se toca el tema de la salud mental. Usted ha contado que sufrió episodios de depresión y ansiedad. ¿Cómo salió de ahí?

R. Con terapia y empezando a mirarme y a sentir. Sigo yendo a terapia, no dejo de ir. Soy una persona muy sensible y necesito de ese soporte. Me sienta bien. Necesito saber todo el rato qué me está pasando, por qué hago las cosas, lo que me viene bien y lo que me viene mal, lo que me acerca y lo que me aleja de la tranquilidad. He notado esa mejoría. Antes me daba miedo vivir y ahora no.

P. ¿Cuándo dejó de tener miedo a vivir?

R. Cuando empecé a mirar de frente las cosas que me daban miedo. Cuando empecé a nombrarlas, a ponerles palabras. Es difícil de explicar. Uno deja de tener miedo cuando acepta que es vulnerable y errático y a la vez estupendo y majísimo.

P. Esta obra es una invitación a amarse y abrazarse en un momento de mucho odio. ¿Cómo gestiona usted el deseo y el odio que recibe en redes?

R. Pues mira, tratando de tener muy presente que tanto la admiración como la animadversión no son personales. La gente no me conoce, así que nada es personal. Relativizo el odio, aunque tampoco soy una persona que haga muchas declaraciones que despierten polémicas. Respecto al deseo, a veces me viene bien y me pone arribita [risas].

P. Hace unas semanas, escuché a una actriz decir que estaba cansada de que en las entrevistas le preguntaran su opinión sobre todo.

R. Escuchaste a Maribel Verdú.

P. Sí. Me pareció interesante su reflexión. Maribel reivindicaba su derecho a opinar en privado y a no manifestarse públicamente sobre todos los asuntos de la actualidad.

R. Eso es muy personal. Cada uno hace lo que quiere. Yo, por ejemplo, he pasado las últimas semanas promocionando El Castillo, una serie sobre la trata, un tema muy complejo. Pero no soy un político, ni un trabajador social, ni un abogado, ni un policía, ni un sociólogo y hay preguntas que no puedo responder. Y luego hay una desigualdad de condiciones. En mi casa, hablando con mis amigos, puedo meter la pata. En una entrevista, no puedo permitírmelo. Una entrevista no favorece la reflexión sobre temas muy complejos. Y luego hay temas sobre los que no sé si quiero tener una opinión porque tener una opinión es algo muy cerrado y limitante. Odio la palabra “altavoz”, pero cada uno tiene que elegir utilizar su altavoz para lo que quiera.

P. ¿Qué siente cuando la ultraderecha habla de términos como “remigración” o “prioridad nacional”?

R. Mi padre es marroquí. Yo lo paso mal y me enfado mucho. Me parece de bully de la clase, de matón que va a por el más débil, a por el que está en una situación de vulnerabilidad. Es muy cateto y muy triste. También me entristece cuando escucho: “Si vienen a trabajar, bien”. Como si solo valiéramos por el trabajo que hacemos. Todo eso me da miedo y pena y lo llevo al terreno personal. Yo con lo de Torre-Pacheco lo pasé muy mal.

P. ¿Y con lo que ha ocurrido en Ceuta?

R. Lo mismo, me parece todo muy cateto. Es un tema que desconozco mucho pero pone de manifiesto algo que me parece gravísimo: el nivel de deshumanización al que hemos llegado con las personas migrantes. No se hablaba de ellos y de ellas en redes y prensa como seres humanos, sino como bárbaros o invasores. Tengo otro concepto de lo que es una invasión. Probablemente fue más una invasión lo que nosotros hicimos en Marruecos que lo que ellos están haciendo con nosotros. Invasión es lo de los fondos buitres, que vienen a jodernos la marrana y a subirnos los alquileres a los que estamos aquí. Pero como los de los fondos son blancos, van en traje y tienen dinero, entonces no pasa nada. Al final es todo un tema de clasismo.

P. ¿Es uno de los afectados por el problema de la vivienda?

R. No, pero conozco a mucha gente pasándolo mal por este tema, mi hermana, sin ir más lejos. Y a muchos amigos. Tengo la suerte de ser un privilegiado, pero no he perdido la conciencia de clase y no creo que vaya a perderla nunca. Me parece aterrador que lo mínimo se haya convertido en un lujo. Yo vivo de alquiler, no tengo una casa en propiedad. Pude comprármela, pero no lo hice y ahora no puedo. Gané mucho dinero cuando era muy joven, pero no supe qué hacer con ese dinero. Produje un corto, yo qué sé…

P. ¿Se arrepiente de no haberse comprado una casa?

R. No… Sí. Me respondo rápido y pienso que era un chaval de 18 años con mucho dinero. El problema de la vivienda me parece el mayor drama de nuestra generación y el mayor fracaso de la izquierda.

P. ¿Se siente decepcionado por la izquierda?

R. Me da mucha pena decirte que no. No me siento decepcionado porque hace tiempo comprendí que la clase política no me representa. Pero hace poco escuché a Maruja Torres decir algo muy interesante: “No hay que votar por amor, hay que votar en defensa propia”. Yo veo a los políticos como eso, como gente para la defensa propia. Ver la acampada en la Puerta del Sol y a toda mi generación tan politizada, tan despierta y tan enérgica, me ha devuelto la fe en la política no partidista, en la política de la gente. En una semana en Sol los manifestantes consiguieron muchos más avances que un gobierno progresista en ocho años. Es acojonante. Nos han aislado tanto, nos han hecho pensar que tenemos tan poco poder, que se nos ha olvidado que la calle es nuestra.

P. ¿Va a votar el 29N?

R. Sí, por supuesto. Y ojalá vote todo el mundo. Me preocupa el avance de la ultraderecha.

P. ¿Qué más le preocupa?

R. La utilización de la violencia. Se está contagiando. Vemos en la tele a gente empleando la violencia y que eso funciona. Vemos a los políticos haciendo campañas violentas y que eso funciona. Y ahora vemos que la calle también está empezando a ser violenta. Eso me da mucho miedo y pena. Yo no acampé en la Puerta del Sol, pero tengo amigos que sí lo han hecho y he ido a verles algunas noches. Estaba ahí la tarde que Núcleo Nacional iba a venir. Tío, de verdad, la sensación era de tristeza y terror. Somos todos lo mismo y estamos reclamando un derecho para todos. Esto es una reivindicación para con todos. No entiendo el impulso humano de ir a reventar una protesta pacífica por un bien común.

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