Muere Miquel Navarro a los 81 años, el gran escultor de las ciudades totémicas

No hay mejor prueba de la aceptación popular de una obra artística que los vecinos de la ciudad donde se exhibe la bauticen con un apodo. Al menos eso pensaba Miquel Navarro de su escultura La pantera rosa, que recibe a los visitantes en la entrada sur de Valencia. La tonalidad rosácea que adquirió con el paso del tiempo, su estilizada figura de 23 metros de altura y la forma de la pieza que la corona pueden remitir al conocido personaje de dibujos animados. Pocos conocen que se llama en realidad Fuente pública, pero la mayoría sabe que es de Miquel Navarro, el escultor valenciano que ha muerto este domingo a los 81 años, tras convivir largamente con una enfermedad que le dejó aliento para cumplir su último sueño: inaugurar su Casa-Taller en su población natal, Mislata, el pasado verano. Navarro fue un profeta no solo en su tierra.

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Miquel Navarro en una exposición en el IVAM, Valencia, el 26 de noviembre de 2014.Miquel Navarro el 18 de julio de 1996. El artista valenciano, Premio Nacional en 1986 y exponente de la Nueva Escultura Española, cumplió su último sueño: abrir su Casa Taller en su pueblo, Mislata  

No hay mejor prueba de la aceptación popular de una obra artística que los vecinos de la ciudad donde se exhibe la bauticen con un apodo. Al menos eso pensaba Miquel Navarro de su escultura La pantera rosa, que recibe a los visitantes en la entrada sur de Valencia. La tonalidad rosácea que adquirió con el paso del tiempo, su estilizada figura de 23 metros de altura y la forma de la pieza que la corona pueden remitir al conocido personaje de dibujos animados. Pocos conocen que se llama en realidad Fuente pública, pero la mayoría sabe que es de Miquel Navarro, el escultor valenciano que ha muerto este domingo a los 81 años, tras convivir largamente con una enfermedad que le dejó aliento para cumplir su último sueño: inaugurar su Casa-Taller en su población natal, Mislata, el pasado verano. Navarro fue un profeta no solo en su tierra.

De hecho, fue uno de los artistas más internacionales de la España que se libraba del yugo franquista. Ya en 1980 formó parte de la selección New images from Spain de 10 creadores que se exhibió en 1980 en el Guggenheim de Nueva York. Una ciudad que le fascinaba por sus rascacielos y sus elementos totémicos y que se encuentra en la base de algunas de sus icónicas ciudades, grandes instalaciones escultóricas que se extienden en el suelo a través de centenares de piezas geométricas independientes, de distintos materiales, que recrean magnéticos y difusos núcleos urbanos y entramados que combinan elementos industriales y rurales. Las ciudades conforman su marca propia, su sello más reconocido como creador.

Su obra engrosa las colecciones de museos como el citado de EE UU, también el Guggenheim de Bilbao, el Pompidou de París, el Reina Sofía de Madrid, el Mie Prefectural Art Museum de Japón o el IVAM de Valencia. El también pintor, grabador y fotógrafo ganó en 1986 el Premio Nacional de Artes Plásticas —junto con Miquel Barceló— y fue un nombre clave de la llamada Nueva Escultura Española.

Su mundo creativo nunca dejó de nutrirse de los recuerdos de su infancia, del niño de delicada salud que nació en 1945 en Mislata, un municipio pegado a Valencia, entonces rodeado de huerta. “En los cincuenta, me acercaba en un tranvía. a la ciudad y el encuentro con ella era fascinante”, relataba en una entrevista con este periódico en 2009. “Jugaba a hacer pequeños pantanos, canalizaciones, jugaba con insectos, y en mi obra es fácil ver la relevancia de ese mundo fascinante, de la libélula, del saltamontes. También del cine. Recuerdo lo que me impresionó el brazo vegetal de El experimento del doctor Quatermass [de Val Guest]. A medida que vas creciendo, vas incorporando a tu trabajo otras fuentes de creatividad que proceden del conocimiento, del mundo intelectual, y van ganando en importancia e influencia, como las vanguardias del siglo XX, la historia del arte, Joseph Beuys, Julio González, De Chirico”, contaba también en EL PAÍS en 2013 con motivo de la donación de 530 obras que realizó al IVAM.

Navarro ha fallecido en su casa de Mislata, en compañía de su compañero de vida, el periodista cultural Rafa Marí. Allí, pudo ver cumplido su último sueño el pasado de mes de junio: la inauguración de la su Casa Taller de la Fundación Miquel Navarro, para la que donó 400 obras. Se trata de un espacio dedicado a su legado en el que realizar “una lectura coherente” de su amplia producción y asegurar la conservación, exhibición y difusión del patrimonio.

En los años ochenta, el creador adquirió un antiguo almacén de productos de droguería en el histórico barrio de la Morería de Mislata para transformarlo en su taller. Durante más de cuatro décadas, este espacio de 1.000 metros cuadrados, ahora transformado en la actual sede de la Fundació Miquel Navarro, fue el lugar donde el autor ha concebido, creado y trabajado gran parte de su producción escultórica, especialmente sus obras de gran formato.

Allí, en Mislata, se erige L’almasil,de 36 metros de altura, otro de los exponentes de su obra pública numerosas ciudades y que le ha reportado un amplio reconocimiento. “El elemento fálico no sólo tiene una lectura sexual. También son metáforas del poder. Aunque no hago una obra estrictamente política, si se proponen lecturas de las relaciones de poder. Cuando hago un tótem, no hago un elemento simplemente fálico”, explicaba con su hablar tranquilo.

Navarro no se definía como un hombre de izquierdas o derechas, sino como un “librepensador”: “Me resisto a que el discurso político de cada momento, tan variable según territorios y épocas, invada mi trabajo y mi cotidianidad. Lo más profundo de mi ideología está en mi obra”, decía.

Su vinculación con la urbe en general, le hacía preocuparse por la especulación urbanística: “Ha habido zonas muy maltratadas, sobre todo en partes de la costa mediterránea española. No estoy en contra de la construcción. Estoy a favor de una construcción imaginativa. Me encantan los rascacielos bien definidos. Creo que conviven mejor con el entorno. A veces pienso en estos edificios autónomos, conectados, en caso de que sea una zona de huerta, con campos de tomates, alcachofas y berenjenas”, comentó a EL PAÍS.

Su último legado es el catálogo para su Casa-Taller, que supera las 400 obras y permite recorrer las distintas etapas de su producción y descubrir la diversidad de lenguajes, materiales y formatos que han definido su obra a lo largo de más de medio siglo. La Casa-Taller pretende que su obra “esté reunida, que no esté perdida y que se puede hacer una lectura coherente”, que no esté sometida a ventas o subastas de otras en manos privadas, según declaró en el acto de presentación, apenas cuatro meses antes de su fallecimiento.

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