La familia Addams se ha instalado en Madrid. Desde el 18 de septiembre, el teatro Calderón acoge una nueva producción del musical con canciones y música de Andrew Lippa, dirigida por Federico Bellone. La obra, que comenzó su recorrido en Chicago en 2009, un año antes de llegar a Broadway y extenderse por escenarios de todo el mundo, recupera los personajes creados por Charles Addams casi nueve décadas después de sus primeras viñetas. Lippa y Kevin Miserocchi, director de la Tee & Charles Addams Foundation —encargada de preservar el legado del viñetista—, hablan con EL PAÍS sobre qué hace que esta familia siga funcionando cuando cambia el país, el idioma y la generación.

Andrew Lippa, compositor del musical de Broadway que ahora llega a Madrid, y Kevin Miserocchi, responsable del legado de Charles Addams, abordan la vigencia de unos personajes que hicieron de lo extraño una historia sobre amor y familia
La familia Addams se ha instalado en Madrid. Desde el 18 de septiembre, el teatro Calderón acoge una nueva producción del musical con canciones y música de Andrew Lippa, dirigida por Federico Bellone. La obra, que comenzó su recorrido en Chicago en 2009, un año antes de llegar a Broadway y extenderse por escenarios de todo el mundo, recupera los personajes creados por Charles Addams casi nueve décadas después de sus primeras viñetas. Lippa y Kevin Miserocchi, director de la Tee & Charles Addams Foundation —encargada de preservar el legado del viñetista—, hablan con EL PAÍS sobre qué hace que esta familia siga funcionando cuando cambia el país, el idioma y la generación.
Cuando Charles Addams empezó a dibujar a aquellos personajes a finales de los años treinta para The New Yorker, ni siquiera existía todavía una familia. No tenían nombres y podían aparecer juntos o cruzarse en viñetas independientes. Fue la televisión, a mediados de los sesenta, la que pidió al caricaturista que pusiera nombre a aquellas criaturas y terminó construyendo la familia que hoy reconoce medio mundo. “En realidad, Charles estaba escribiendo sobre el concepto de una familia feliz, solo que en el reverso del espejo”, explica Miserocchi.

Ese reverso sigue siendo, para él, la clave de la supervivencia de los personajes. Los Addams no se consideran extraños: “El resto del mundo es extraño”. En las viñetas de Addams, recuerda que no había una familia malvada ni violenta, sino personajes que se querían profundamente y que habían aprendido a vivir según sus propias reglas. “Era una familia”, resume. La oscuridad, el humor negro y las bromas macabras eran el envoltorio. En el centro, estaba el afecto.
Lippa partió precisamente de ahí cuando comenzó a convertir las viñetas en un musical. Antes de escribir una sola nota pasó un año conversando con Marshall Brickman y Rick Elice, autores del libreto. “Necesito entender quiénes son los personajes para escribir música para ellos, que parezca venir de ellos en lugar de venir de mí”, explica. La solución fue dotar a cada integrante de una personalidad musical. Gómez, interpretado por Javier Navares en la producción madrileña, se convirtió en “el amante latino”; Morticia, encarnada por Natalia Millán, en una estrella de Broadway; Fétido, al que da vida el argentino Omar Calicchio, en un soñador con ecos de Debussy; y Miércoles y Lucas, interpretados por Cristina Picos y Juan Antonio Plazas, en los personajes contemporáneos que rompen con la tradición familiar.
Esa búsqueda explica también el sonido español y latino asociado a Gómez. Lippa recuerda que el nombre del personaje y la historia construida para él llevaron al equipo hacia una versión exagerada del machismo latino de los años cincuenta. Pero Gómez no es un conquistador: “No busca a otras mujeres. Está enamorado de su esposa. Solo quiere a su esposa”. La música debía contener esa contradicción entre la teatralidad del personaje y su devoción doméstica.

En el Calderón, esa familia llega ahora en español y con una puesta en escena que convierte la mansión en otro personaje. La historia sigue el enamoramiento de Miércoles con Lucas Beineke, un joven de una familia aparentemente normal. El conflicto no está tanto en que los Addams sean diferentes como en lo que ocurre cuando alguien que no comparte los mismos códigos entra en su mundo.
El musical tampoco ha permanecido idéntico a aquel que llegó a Broadway en 2010. Lippa lo ha aprendido durante los años de funciones, giras y adaptaciones internacionales: “Los musicales nunca se terminan; solo se estrenan”. Una de las grandes modificaciones llegó cuando el equipo entendió que la relación entre Morticia y Gómez no tenía por qué ser siempre perfecta. En las viñetas de Addams, ambos suelen aparecer completamente sincronizados. En el musical, en cambio, la tensión provocada por Miércoles permitió profundizar la historia. “No todo matrimonio es perfecto, así que nos permitimos hacer eso entre Morticia y Gómez”, cuenta el compositor.

También las traducciones han obligado a modificar el espectáculo. La música permanece, pero las referencias culturales cambian. Lippa recuerda especialmente una adaptación al portugués realizada en Brasil. Pugsley debía parodiar una conocida rima infantil estadounidense sustituyendo kissing (besar) por killing (matar). Traducirla literalmente no funcionaba. El traductor tuvo que encontrar una rima en portugués que permitiera transformar el amor en oscuridad. “La gente la entendió completamente”, recuerda. “Ese es un cambio cultural que tiene que producirse cuando haces un espectáculo en otro país”.
Después de haber visto la obra en Japón, Suecia, Alemania, España, Brasil, Australia o Reino Unido, el compositor sostiene que hay algo que permanece intacto: “Las familias son las familias en todas partes”. Miserocchi coincide. Para él, la vigencia de los Addams está precisamente en esa posibilidad de reconocer una familia propia detrás de su apariencia extraordinaria.

Por eso la creciente popularidad del personaje de Miércoles, sobre todo tras la serie producida por Netflix e interpretada por Jenna Ortega, no le preocupa. Miserocchi considera que cada generación encuentra su propia puerta de entrada a los personajes. La joven Addams representa, además, una ruptura con la idea de que las niñas deben ser “bonitas y dulces, tiene sus propias ideas, no hace necesariamente lo que le dicen y su familia le permite ser quien es”. El musical lleva esa premisa a un conflicto familiar cuando se enamora de alguien ajeno a su mundo.
Para Lippa, la oscuridad de los Addams tampoco es el verdadero asunto. Move Toward the Darkness, uno de los momentos centrales del musical, habla de enfrentarse a los propios miedos. “La familia Addams ama la oscuridad. ¿Por qué juzgarlos? No están haciendo daño a nadie”, dice. La canción termina apuntando hacia una idea más sencilla: “Sé tú mismo. Ama, ama, ama”. En esa reivindicación de la diferencia está, para el compositor, una de las claves de la obra: “No existe una única manera de ser normal”.
Casi nueve décadas después de las primeras viñetas, Miserocchi cree que ese es también el legado que merece preservarse. Charles Addams utilizaba el humor para darle la vuelta a temas que podían parecer incómodos y mostrar que la diferencia no tenía por qué ser una amenaza. Lippa lo traduce al lenguaje del teatro musical: “Si la obra se limitara a hablar seriamente sobre el amor y la familia, sería aburrida”. La comedia permite que la idea llegue sin imponerse. En Madrid, los Addams vuelven después de una primera temporada en el mismo teatro en 2017 y podrá verse hasta el 29 de noviembre.
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