Uno de los fenómenos literarios de la temporada francesa, acusado de usar IA en su último libro

C’était ça ou mourir (Grasset, 2026), del canadiense Thélyson Orélien, ha sido uno de los grandes fenómenos de la rentrée literaria francesa. Buenas críticas nada más aterrizar en las librerías, 35.000 ejemplares despachados y una firme candidatura a los premios literarios de este otoño. Pero en las últimas horas su autor ha sido acusado de haber utilizado un programa de Inteligencia Artificial (IA) para confeccionar su obra. Según una cuenta que se presenta como una desenmascaradora del uso indiscriminados de la IA, no habría ninguna duda de que el autor quebequés habría recurrido a dicha tecnología. Una noticia que reabre el debate sobre lo que puede considerarse o no literatura si ha sido intervenido por dicha tecnología.

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 Thélyson Orélien y su editorial se desmarcan de las acusaciones de un usuario que ha analizado el contenido de la obra y asegura que ha sido confeccionado con la ayuda de sistemas  

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Thélyson Orélien y su editorial se desmarcan de las acusaciones de un usuario que ha analizado el contenido de la obra y asegura que ha sido confeccionado con la ayuda de sistemas

Portada del libro ‘C’était ça ou mourir’, de Thélyson Orélien. Sarah Meyssonnier (REUTERS)
Daniel Verdú

C’était ça ou mourir (Grasset, 2026), del canadiense Thélyson Orélien, ha sido uno de los grandes fenómenos de la rentrée literaria francesa. Buenas críticas nada más aterrizar en las librerías, 35.000 ejemplares despachados y una firme candidatura a los premios literarios de este otoño. Pero en las últimas horas su autor ha sido acusado de haber utilizado un programa de Inteligencia Artificial (IA) para confeccionar su obra. Según una cuenta que se presenta como una desenmascaradora del uso indiscriminados de la IA, no habría ninguna duda de que el autor quebequés habría recurrido a dicha tecnología. Una noticia que reabre el debate sobre lo que puede considerarse o no literatura si ha sido intervenido por dicha tecnología.

La acusación fue publicada el lunes en la red X por el usuario Balance ton Claude. Se trata de una cuenta con muy pocos seguidores que afirma haber sometido fragmentos de C’était ça ou mourir (que se puede traducir por Era eso o morir) a un detector de IA llamado Pangram. “Probamos varios pasajes, en distintos lugares del manuscrito, y casi siempre obtuvimos el mismo resultado: 100% IA”, escribe el usuario, acompañando sus afirmaciones con fotografías. Luego, contrastaron su investigación con textos anteriores del mismo autor en los que el mismo detector no encontraba rastro de la tecnología.

Pangram está considerado uno de los detectores de IA más fiables del mercado. Su fiabilidad fue evaluada mediante un estudio científico realizado en junio pasado, en el que se sometieron a la herramienta 160 textos académicos redactados por seres humanos. Pangram los identificó como textos humanos en el 100% de los casos. Posteriormente, se le presentaron 40 textos generados íntegramente por ChatGPT. Pangram detectó la presencia de IA en 39 de ellos.

C’était ça ou mourir sigue a un profesor de Historia que huye de su pueblo haitiano, cerca de Puerto Príncipe, para dirigirse a Canadá. Un viaje a través de 12 países que permite al protagonista encontrarse con sus “hermanos humanos” arrojados a los caminos. Acaba de recibir el Premio de Novela Fnac 2026 y figura en las primeras listas de los premios Goncourt y Renaudot.

La editorial, por su parte, prefiere esperar, pues duda del interés de responder a esta “campaña” en internet, que considera particularmente agresiva. “¿Realmente se puede responder a los haters? Cuando se ponen en marcha campañas y se desatan en las redes sociales, entrar en la guerra resulta contraproducente», señalan desdeGrasset.

La polémica alrededor del libro de Orélien, sin embargo, abre el debate sobre los límites de la aplicación de la IA en los procesos e construcción literaria y las ganas de los lectores de consumir obras que han estado deliberadamente creadas con la ayuda de estos sistemas. Cuando la premio Nobel Olga Tokarczuk confesó que la utiliza para investigar o incluso testear estructuras, el mundo literario entró en convulsión y ya no dejó de plantear este debate. Ahora, cada vez que un relato relativamente comercial alcanza el éxito, levanta sospechas de haber sido construido con la ayuda de la IA.

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