Que el Patronato de Protección a la Mujer estuviera activo hasta nada menos que 1984 no debería considerarse una anomalía, sino un síntoma. Reorganizado en 1941, ya durante el franquismo, con Carmen Polo como presidenta de honor, la institución velaba por “la dignificación moral de la mujer” y en sus 500 centros de toda España estuvieron encerradas niñas de 11 y 12 años hasta jóvenes de 21, que, según las autoridades, se encontraban “caídas o en riesgo de caer”. Tuvo que ser un desenlace fatal en forma de muerte, en uno de los lugares más duros, el Reformatorio de San Fernando de Henares, en Madrid, el que acabara definitivamente con los trabajos forzados, las celdas de castigo, las agresiones y las torturas que se cometieron por parte del sistema, tutelado por las monjas católicas de las Cruzadas Evangélicas.
Ruega por nosotras
Dirección: Daniel Monzón.
Intérpretes: Zoe Bonafonte, Manuela Calle, Adelfa Calvo, María Cerezuela.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 136 minutos.
Estreno: 6 de noviembre.
Daniel Monzón compone una película que quiere denunciar sin ofrecer toda la panoplia del salvaje realismo de las situaciones, como si pretendiese eludir una parte de la inclemencia y del tormento
Que el Patronato de Protección a la Mujer estuviera activo hasta nada menos que 1984 no debería considerarse una anomalía, sino un síntoma. Reorganizado en 1941, ya durante el franquismo, con Carmen Polo como presidenta de honor, la institución velaba por “la dignificación moral de la mujer” y en sus 500 centros de toda España estuvieron encerradas niñas de 11 y 12 años hasta jóvenes de 21, que, según las autoridades, se encontraban “caídas o en riesgo de caer”. Tuvo que ser un desenlace fatal en forma de muerte, en uno de los lugares más duros, el Reformatorio de San Fernando de Henares, en Madrid, el que acabara definitivamente con los trabajos forzados, las celdas de castigo, las agresiones y las torturas que se cometieron por parte del sistema, tutelado por las monjas católicas de las Cruzadas Evangélicas.
Y los hechos deberían ser reflexionados más como un síntoma que como una anomalía porque su existencia, sus características y sus desmanes nunca han sido suficientemente conocidos por la generalidad de la sociedad española, y eso también es reflejo del yugo que durante demasiados años sufrió la mujer. De modo que, aunque solo sea por esto, hay que celebrar la existencia de una película como Ruega por nosotras, nuevo trabajo de Daniel Monzón: el proceso de degradación de una joven de familia burguesa franquista y su tormentoso paso por el correccional de San Fernando. Una obra de ficción que, aunque recoja algunos aspectos del caso que acabó con su cierre, fiel al cine de género de Monzón, se articula dentro de los cánones del drama carcelario, en el que ya se adentró en su mejor película, Celda 211 (2009), con la radical diferencia de tratarse de poco más que crías durante el paso de la dictadura a la democracia, pues la tragedia de la protagonista se inicia en 1974.

Ahora bien, como también hizo en su anterior obra, Las leyes de la frontera (2021), al otorgar colorismo y esteticismo a la crudeza de lo quinqui, desafilando un tanto la navaja para dotar de cierto atractivo al macabro universo de la cuchara impregná de heroína, Monzón compone una película que quiere denunciar sin ofrecer toda la panoplia del salvaje realismo de las situaciones. Como si pretendiese eludir una parte de la inclemencia y del tormento, intenta dulcificar las coyunturas de las chicas, y elige como guía un caso que pueda ayudar a entender mejor lo injusto del conjunto. Sin embargo, esa totalidad no fue homogénea, y en la película sí lo es. De este modo, Ruega por nosotras está más lejos de Las hermanas de la Magdalena que de un episodio digresivo de la serie Cuéntame.
Las crónicas del cierre del reformatorio de San Fernando hablan de atrocidades contra las reclusas, pero también de terribles situaciones marginales y de exclusión: entre otras, de prostitución y de drogadicción por inhalación de cola y pegamento. En la película, sin embargo, las características físicas e interpretativas de todas las chicas, su modo de hablar y desenvolverse, son las de niñas bien masacradas por el sistema, que como mucho se fuman un piti. Como si hubiesen encerrado en la cárcel de Cadena perpetua a las crías del colegio de monjas de Las niñas, de Pilar Palomero. Y esa elusión no favorece a Ruega por nosotras. Porque la blanquea sin necesidad, y porque la injusticia de la degradación y el dolor causado fue igual de injusto y de cruel para las niñas de “buena familia” un tanto “descarriadas”, para las chicas sin recursos, y para las pequeñas o grandes ladronzuelas que lo hicieron por necesidad o porque simplemente les dio la gana.
Sin juicios ni garantías legales, aquello fue un atropello contra la mujer, en concreto y en su conjunto, tratada como simple y llana esclava. Pero se prefiere la superficialidad y el arquetipo (la joven monjita buena, el padre violador, el zagal guapo del carbón…), al desarrollo complejo, trascendente y acusatorio de todo el sistema religioso, social y político de control de la mujer. Que la canción que suena y sobrevuela el espíritu de la película sea de Los Diablos y no de Los Chichos también podría ser un síntoma.
Ruega por nosotras
Dirección: Daniel Monzón.
Intérpretes: Zoe Bonafonte, Manuela Calle, Adelfa Calvo, María Cerezuela.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 136 minutos.
Estreno: 6 de noviembre.
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