La marginación, la pobreza, la violencia policial, las tensiones sociales y las utopías contra las realidades no tienen tiempo ni lugar, pero en Francia son más emblemáticas. La Historia, con mayúscula, lo ha querido así. “Las cosas no han cambiado tanto”, decía uno de los policías de Los miserables, película de 2019 dirigida por el francés de origen maliense Ladj Ly, que apenas recogía el título de la novela de Víctor Hugo para contar, en el fondo, lo mismo, aunque con otros personajes y en la contemporaneidad del suburbio de Montfermeil, donde el escritor del siglo XIX ambientó parte de su texto.
Los miserables
Dirección: Fred Cavayé.
Intérpretes: Vincent Lindon, Tahar Rahim, Camille Cottin, Benjamin Lavernhe.
Género: drama. Francia, 2026.
Duración: 178 minutos.
Estreno: 6 de noviembre.
El director se empecina a veces en un exhibicionismo de producción sin identidad y probablemente se la recordará, a pesar de su gran reparto, como una muestra más de la bulimia audiovisual contemporánea
La marginación, la pobreza, la violencia policial, las tensiones sociales y las utopías contra las realidades no tienen tiempo ni lugar, pero en Francia son más emblemáticas. La Historia, con mayúscula, lo ha querido así. “Las cosas no han cambiado tanto”, decía uno de los policías de Los miserables, película de 2019 dirigida por el francés de origen maliense Ladj Ly, que apenas recogía el título de la novela de Víctor Hugo para contar, en el fondo, lo mismo, aunque con otros personajes y en la contemporaneidad del suburbio de Montfermeil, donde el escritor del siglo XIX ambientó parte de su texto.
En los últimos siete años, tres (relativas) translaciones francesas de la inmensa novela dan cuenta de su intemporalidad y de su universalidad porque, además, nada ha cambiado (miren los periódicos). Aquella versión de Ly; luego Los miserables: el origen (2025), aportación de Éric Besnard del primer centenar de páginas del libro (de alrededor de 1.600, según la edición), con la que componía un lúgubre y algo plúmbeo retrato de la formación de un espíritu, el del mítico Jean Valjean. Y ahora, otra más que unir a la veintena de la historia del cine: homónima, dirigida por Fred Cavayé, con reparto de lujo, y todo lo canónica que pueda ser una síntesis de tres horas de lo que bien podría durar seis, si se incluyeran todos los personajes, acontecimientos y reflexiones. Una película con evidente vocación comercial, sólida porque la novela es (casi) indestructible, aunque con algunos apuntes de cine contemporáneo de discutible visualización y montaje.
Los primeros minutos, apoyados en las tomas con dron y en las imágenes generadas en parte por ordenador, son para echarse a temblar. La primera persecución tras el robo del pan que da lugar a 19 años de cárcel, y la lucha contra los policías, parecen de otro tipo de película: de los thrillers anteriores de Cavayé. Sin embargo, con la presentación del resto de personajes, la suma de penalidades y grandezas, de furias y de delicadezas, y con las secuencias más íntimas, todo se enhebra. El ritmo es excelente, los cimientos temáticos de la novela son apasionantes, y los personajes, de arriba abajo, reflejan un caleidoscopio social y moral de compleja grandeza: la miseria y la mezquindad, la venganza y la templanza, el engaño y los principios, la dignidad y la vileza, la crudeza y la perseverancia. Y, como uno de los ejes, un tema plenamente vigente: la desmesurada obsesión por el orden que acaba en el caos.

A Valjean lo han interpretado algunos de los grandes: Fredric March, Jean Gabin, Lino Ventura, Gérard Depardieu, Liam Nesson. Y a Vincent Lindon le encaja el papel a la perfección porque nunca ha necesitado alzar la voz para decirlo todo con la mirada. A su lado, el resto del reparto también está fantástico, con especial hincapié en Tahar Rahim y en la pareja formada por Camille Cottin y Benjamin Lavernhe, un prodigio, seguramente el mejor actor francés de su generación. Ambos, como los taberneros Thénardier, aquí odiosos, lejos del contrapunto cómico que ejercen en el maravilloso musical basado en la novela, y en la estupenda versión fílmica de Tom Hooper.
Quizá un poquito por debajo —Cavayé se empecina a veces en un exhibicionismo de producción sin identidad ni estilo, que en modo alguno reluce—, la película apunta a la línea de las recientes (y notables) versiones de Los tres mosqueterosy deEl conde de Montecristo. Ahora bien, aún está por ver si este tipo de producto (y la palabra elegida es aposta) quedará como la versión definitiva o como una muestra más de la bulimia audiovisual contemporánea y de la literatura al servicio del espectáculo. Porque, ante estas novelas legendarias, como bien demostraron el Oliver de Carol Reed, Los tres mosqueteros, de George Sidney, o el musical Los miserables, el mejor de los desafíos puede estar en su singularidad.
Los miserables
Dirección: Fred Cavayé.
Intérpretes: Vincent Lindon, Tahar Rahim, Camille Cottin, Benjamin Lavernhe.
Género: drama. Francia, 2026.
Duración: 178 minutos.
Estreno: 6 de noviembre.
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