Del pasillo y el folclore indígena a la vanguardia electrónica: la diversidad musical de Ecuador desembarca en Cartagena

La banda ecuatoriana Swing Original Monks, que se presenta el 22 de julio en el festival La Mar de Músicas, en una imagen de promoción.

Con una de las comunidades migrantes más numerosas en España (unas 450.000 personas, más de 650.000 contando a los hijos ya nacidos aquí), Ecuador es prácticamente un desconocido en lo que a su música y su cultura se refiere. El festival La Mar de Músicas de Cartagena pone en escena a partir del 17 de julio a una decena de bandas del país andino para demostrar que, a pesar de las carencias de su industria, la escena contemporánea de Ecuador es tan rica y diversa como el propio país.

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La banda ecuatoriana de rock alternativo Lolabúm durante un concierto, en una imagen cedida por los artistas.La artista ecuatoriana Renata Nieto, mejor conocida como Latorre. El festival La Mar de Músicas programa diez conciertos gratuitos, además de una numerosa actividad de cine, literatura, arte y gastronomía del país latinoamericano  

Con una de las comunidades migrantes más numerosas en España (unas 450.000 personas, más de 650.000 contando a los hijos ya nacidos aquí), Ecuador es prácticamente un desconocido en lo que a su música y su cultura se refiere. El festival La Mar de Músicas de Cartagena pone en escena a partir del 17 de julio a una decena de bandas del país andino para demostrar que, a pesar de las carencias de su industria, la escena contemporánea de Ecuador es tan rica y diversa como el propio país.

“Ecuador es un país de contrastes. Tiene costa, sierra, selva y las Galápagos. Su música es igual de diversa, tiene muchas aristas, va desde lo popular, lo folclórico y lo indígena a lo contemporáneo”, explica a EL PAÍS el productor musical Rodrigo Padilla, fundador y director de QuitoFest, un evento nacido en 2003 para potenciar el desarrollo de bandas jóvenes y que se ha consolidado como una de las citas musicales más relevantes de Latinoamérica. Su percepción es que Ecuador tiene un enorme potencial musical y una total ausencia de medios para dar a conocer ese talento.

En la última década, explica Padilla, “ha habido un bum de música contemporánea con mucha calidad, con una propuesta muy interesante, y mucha diversidad”. Pero los artistas tienen muy difícil vivir de su creación porque el país carece de una industria musical: “No tenemos discográficas, ni oficinas internacionales, ni promotores; la radio no está comprometida con la música local; el Estado tiene otros problemas y está desconectado de la cultura. Hay buena oferta, pero no hay demanda, porque no hay una industria que la promueva. Ser músico en Ecuador es una historia de constancia, de resiliencia, de rebeldía. Las oportunidades son escasas y hay que aprovecharlas”, resume.

Es una situación que viven en su día a día las bandas que pasarán por La Mar de Músicas en esta 31ª edición, que ha elegido a Ecuador como país invitado, y en la que compartirán cartel con artistas como Sílvia Pérez Cruz, María Arnal, Silvana Estrada, Lila Downs, Carminho, Rodrigo Cuevas o Rubén Blades. Lo cuenta a EL PAÍS el músico y cantante Pedro Bonfim Salgado (Quito, 30 años), que actuará el 17 de julio con su proyecto en solitario,San Pedro Bonfim y Sus Milagros, vinculado a la canción de autor latinoamericana, y el día 18 con su banda Lolabúm, uno de los grupos indie rock más destacados del país, fundado en 2014.

“En Ecuador, parece que cosas básicas como hacer conciertos o grabar discos fueran hitos tan ambiciosos como una gira mundial”, cuenta Bonfim. “Hay poquísimos espacios para el arte. Sin embargo, veo una nueva generación levantando las cosas con sus propias manos”. Así ocurrió con Lolabúm: “Comenzamos como una banda de indie rock cuando éramos colegiales y la evolución musical se dio de la mano de nuestro crecimiento como personas. Por eso a veces puede sonar a electrónica, a veces a canción latinoamericana, a veces hyperpop, a veces cumbia y así sucesivamente”, explica. Y rompe una lanza a favor de los artistas que han apostado por reivindicar la música tradicional andina en un país en el que, asegura: “Fuimos criados con la lógica de que todo lo que sea ecuatoriano no solo no valía la pena, sino que debía darnos vergüenza”. “La música indígena es algo vibrante y vivo, lejos de ser un animal disecado. Toda nuestra música se ha hecho a partir de eso”, reivindica.

La Mar de Músicas dará espacio a dos formaciones vinculadas intrínsecamente a esa raíz indígena: Humazapas (21 de julio) y el dúo Jatum Mama (22 de julio), formado por los músicos Félix Michael Maldonado Quinchiguango y Juan Jesús Bonilla Simba, que también participan en Humazapas. Por correo electrónico explican que sus proyectos buscan recuperar la música y danza tradicional kichwa, la lengua indígena de la familia quechua que en Ecuador es idioma oficial de relación intercultural junto al castellano. “Nuestra música es ritual, comunitaria, se desprende de la relación entre la naturaleza, las personas y el mundo de las deidades”, señalan. En Humazapas, con una esencia más pura. En Jatum Mama, llevada a la electrónica y convertida en una apuesta para las pistas de baile de vanguardia.

Vanguardista es quizás también el adjetivo que mejor define al proyecto de Renata Nieto (Quito, 33 años), conocida artísticamente como Latorre, afincada en Madrid en este último año y primera ecuatoriana que logra colocar su música en la plataforma internacional Colors. Su música, un pop electrónico y alternativo, explica, dialoga “de forma natural” con sus raíces mestizas. “Creo que formo parte de una generación de artistas ecuatorianos que ha perdido el miedo a mezclar referentes locales con lenguajes globales, sin sentir que tiene que escoger entre uno u otro”, subraya la artista, que actuará en La Mar de Músicas el 19 de julio.

Nieto opina que Ecuador vive “un momento especialmente interesante” en lo musical: “Durante muchos años parecía que, para tener proyección internacional, los artistas tenían que parecerse a lo que estaba ocurriendo en otros lugares. Hoy sucede casi lo contrario. Hay una generación muy diversa de artistas experimentando con la tradición, la electrónica, el pop, la cumbia o la música urbana, construyendo propuestas muy personales”, reflexiona la artista.

Ese carácter experimental y de fusión es el que tienen varias de las bandas que también desfilarán por Cartagena estos días: Paola Navarrete (20 de julio), que viaja de la canción de autora al indie; Papaya Dada (19 de julio), con lo que ellos denominan “chicha radioactiva”, una bailable fusión entre la chicha, la cumbia, el funk, la música tropical y la electrónica, o Swing Original Monks (22 de julio), otra de las bandas que pondrá a bailar al público con su “folktrónica andina”, un estilo propio en el que se pueden reconocer ritmos cercanos a la cumbia, el pasillo, el sanjuanito o el albazo con elementos de rock, ska, electrónica y música balcánica.

En ese universo de fusión destaca también la propuesta del cantante, compositor y productor Martín Proaño Baca (Quito, 31 años), Machaka, que mezcla música urbana y producción electrónica con sonidos tradicionales mestizos como la cumbia, boleros, salsa o marimba del Pacífico. “Ecuador es un país donde no hay una infraestructura de industria, pero hay muchísimo talento y muchísima riqueza cultural. Estamos en un proceso crucial de expansión en el que nos estamos abriendo a nuevos mercados. Si yo fuera de otro lugar, me encantaría que alguien me muestre la riqueza profunda de la música de Ecuador”, subraya Proaño.

Esa riqueza se completa en el festival con la actuación el 22 de julio de Margarita Laso, probablemente la artista contemporánea más reconocida en la difusión del pasillo, el género musical nacional de Ecuador, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Cantante, investigadora y comunicadora, ha dedicado su carrera, explica por correo electrónico, a conservar y difundir esa música nacional. “Vincular la memoria con el presente ha sido nuestro proyecto”, asegura. Cuando analiza el panorama musical ecuatoriano actual, la artista considera que, “en los últimos años, al talento se ha sumado la formación académica y en el país se vive una enorme oferta musical”.

Para Eugenio González Cremades, director de La Mar de Músicas, el objetivo del festival este año era poder acercar a España una muestra representativa de esa gran oferta, tan desconocida en nuestro país. Como festival público, financiado en su práctica totalidad por el Ayuntamiento de Cartagena, que aporta 900.000 euros de los 1,2 millones de presupuesto, “tenemos que ir más allá de la justificación económica, encontrar una justificación social”, asegura. “Convivimos con decenas de miles de ecuatorianos, son nuestros vecinos, pero a nivel cultural los desconocemos totalmente”. Por eso, el festival va mucho más allá de lo musical, con programación de cine, arte, literatura y gastronomía ecuatorianas, todas ellas gratuitas. “Jamás ha habido un desembarco cultural tan grande, tan completo, de la cultura de Ecuador en Europa, y esto es lo que hace que La Mar de Músicas, después de 31 años, siga teniendo sentido”, reivindica.

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