Desde hace semanas, un gigantesco Companion ocupa la fachada principal del Albertina Modern de Viena. Se trata de una de las creaciones más icónicas y repetidas del arte urbano de KAWS, el seudónimo creativo de Brian Donnelly. A medio camino entre el icónico Mickey Mouse de Disney y la representación moderna de una calavera, estos personajes ocupan espacios públicos y plantean preguntas sobre las fronteras que delimitan lo que es o no es arte. Esta en concreto, de casi ocho metros de altura y hecha de madera, hace referencia al Angelus Novus de Paul Klee y a la sensación de catástrofe y melancolía que emana del cuadro. “La tristeza, el enfado, el sentirse avergonzado o inseguro… todas esas emociones explican a KAWS”, comenta a EL PAÍS ante la escultura Angela Stief, directora del museo austriaco.
El museo de arte contemporáneo vienés contrapone obras del creador neoyorquino con las de nombres consagrados y reivindica el cómic como un lenguaje universal capaz de trascender fronteras y estratos sociales
Desde hace semanas, un gigantesco Companion ocupa la fachada principal del Albertina Modern de Viena. Se trata de una de las creaciones más icónicas y repetidas del arte urbano de KAWS, el seudónimo creativo de Brian Donnelly. A medio camino entre el icónico Mickey Mouse de Disney y la representación moderna de una calavera, estos personajes ocupan espacios públicos y plantean preguntas sobre las fronteras que delimitan lo que es o no es arte. Esta en concreto, de casi ocho metros de altura y hecha de madera, hace referencia al Angelus Novus de Paul Klee y a la sensación de catástrofe y melancolía que emana del cuadro. “La tristeza, el enfado, el sentirse avergonzado o inseguro… todas esas emociones explican a KAWS”, comenta a EL PAÍS ante la escultura Angela Stief, directora del museo austriaco.
Ella es comisaria, junto a Florian Waldvogel, de la exposición KAWS. Art & Comix, que puede verse allí hasta el 27 de septiembre y que conecta las bellas artes con el famoso artista urbano, nacido en Nueva Jersey en 1974 y criado en Brooklyn, que comenzó en los años noventa como grafitero. Esta propuesta del Albertina Modern también reivindica la influencia del cómic como lenguaje universal que ha trascendido fronteras y estratos sociales para convertirse en una forma accesible de contar historias. El estadounidense subvierte el mensaje habitualmente feliz, animado y divertido del género usando sus mismos iconos.
Comenzando con una obra de finales de los años cuarenta de Ad Reinhardt, How to Look at Art, sorprendentemente actual y moderna, la exposición pone en diálogo la obra de KAWS con casi una treintena de artistas, entre ellos Roy Lichtenstein y Jean-Michel Basquiat, evitando así la fórmula clásica de retrospectiva. “La importancia de KAWS como creador reside en cómo combina el mundo virtual con el mundo real. La exposición lo equiparara al arte contemporáneo, pero también a la vida contemporánea, en la que nuestras pantallas son nuestro innegable día a día”, apunta la comisaria sobre el artista, que cuenta con más de cuatro millones de seguidores en Instagram.
La propia selección de creaciones de KAWS que pueden verse en la muestra desvelan la evolución del neoyorquino, quien abandonó las letras del grafiti pintadas en muros y paredes en favor de la imagen, a través de iconos visuales plasmados sobre el mobiliario urbano. También refleja su forma de entrelazar la cultura pop —la idea de repetición y producción masiva de sus obras, lo conectan de forma clara y directa con Andy Warhol— con el arte tradicional. En una misma vitrina conviven el Moonman, la estatuilla plateada con forma de astronauta concebida para los MTV Video Music Awards, con GONE, en la que dos de sus personajes más populares adoptan una pose solemne como la de la Pietá de Miguel Ángel.

El propio KAWS participa en la muestra como coleccionista, aportando obras de otros artistas que él posee, como es el caso de H. C Westerman, quien cuestionó de manera radical varias décadas antes que él la distinción entre arte culto y arte popular. En KAWS. Art & Comix, los personajes de cómic se ven como leitmotivs de obras de artistas contemporáneos como las pinturas de la Pantera Rosa de Katherine Bernhardt, las figuras de cerámica de la artista venezolana Magdalena Suárez Frimkess, las pinturas de Isolde María Joham inspiradas en la cultura manga asiática y las de la estadounidense Joyce Pensato, quien da un giro explosivo y siniestro a la fisionomía de personajes nacidos en viñetas.
Además de abrazar la tradición de su hermano mayor, el Museo Albertina, que alberga una de las mayores colecciones de arte gráfico del mundo (compuesta por más de un millón de ilustraciones, grabados y dibujos), esta muestra del Albertina Modern compagina las dos dimensiones del cómic impreso con varias instalaciones inmersivas, que permiten caminar dentro de la propia pieza artística. Una de ellas es la exagerada reconstrucción hecha con PVC del Metro de Nueva York, más propia de la sátira de una viñeta que de un retrato realista, que Red Grooms, Mimi Gross y The Ruckus Construction Company crearon a mediados de los años setenta.
Otra de ellas es Pop Shop Tokyo, con la que Keith Haring ejemplificó en la década de los ochenta cómo una obra artística podía existir simultáneamente en galerías, espacios públicos y productos comerciales sin perder su mensaje. Su entonces revolucionaria intención de democratizar el arte conecta directamente con KAWS. Durante su adolescencia, visitaba a menudo el lugar creado por Haring y todavía conserva algunos de los mementos que cazó allí, acorde con sus posibilidades: algún póster, chapas y parches.
“Con sus ideas, KAWS ha gestado una enorme revolución dentro del mundo del arte. Y creo que el vínculo más estrecho con su audiencia es, precisamente, esa causa: no establecer distinciones entre el arte culto y el popular. Busca tender puentes. Y es justo lo que intenta esta exposición: no excluir, sino incluir”, defiende Angela Stief.
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