El escritor italiano Antonio Scurati (Nápoles, 57 años) ha pasado los últimos 15 años dedicado a estudiar, indagar y escribir sobre la vida de Benito Mussolini, una empresa literaria de 3.000 páginas, de gran impacto en todo el mundo, que empezó en 2018 con el primer libro y culmina con el quinto, ahora publicado en España. M. El fin y el principio (Alfaguara) relata el terrible epílogo del fascismo, tras la caída del régimen en 1943 y hasta la muerte del dictador en abril de 1945, casi dos años que constituyen el fondo más oscuro y siniestro de ese túnel histórico, cuando emerge la cara más terrorífica del régimen.
Se publica en España el quinto y último volumen de ‘M’, que concluye 3.000 páginas sobre la vida del dictador italiano e interroga acerca de su huella ideológica en el presente
El escritor italiano Antonio Scurati (Nápoles, 57 años) ha pasado los últimos 15 años dedicado a estudiar, indagar y escribir sobre la vida de Benito Mussolini, una empresa literaria de 3.000 páginas, de gran impacto en todo el mundo, que empezó en 2018 con el primer libro y culmina con el quinto, ahora publicado en España. M. El fin y el principio (Alfaguara) relata el terrible epílogo del fascismo, tras la caída del régimen en 1943 y hasta la muerte del dictador en abril de 1945, casi dos años que constituyen el fondo más oscuro y siniestro de ese túnel histórico, cuando emerge la cara más terrorífica del régimen.
El libro relata un trágico final donde reina el caos y el horror, la total oscuridad moral. Tras la rendición de Italia, el 8 de septiembre de 1943, el país queda partido en dos. El ejército alemán pasa de ser un aliado a convertirse en invasor en la mitad norte de la península. Hitler mantiene a Mussolini como una marioneta al frente de la República Social Italiana, la llamada República de Salò ―localidad del lago de Garda, al pie de los Alpes, donde residía el dictador―, un estado títere.
A nivel local, el fascismo sobrevive en cada ciudad en manos de los peores elementos que ha producido en las dos décadas anteriores. Criminales, sádicos y asesinos que en muchos casos el propio régimen había apartado, que reaparecen en esta última hora movidos por el rencor y la sed de venganza. En el derrumbe del fascismo son los únicos que aún están dispuestos a morir matando. Al mismo tiempo, comienza la lucha de la resistencia partisana y se desata una auténtica guerra civil. En esos meses también arranca la deportación nazi de judíos y las masacres del ejército alemán de la población.
Mussolini asiste pasivamente al hundimiento, convertido ya en un ser depresivo, derrotado y atrapado en manos de los nazis. Hasta sus últimas horas, en las que baraja varias ideas de fuga, incluida la posibilidad de ir a la España de Franco. Acabará fusilado y su cadáver, pateado por la multitud y colgado boca abajo.
La alarmante paradoja es que precisamente este tenebroso final es la semilla del neofascismo posterior: el Movimiento Social Italiano (MSI), el partido neofascista que nace en la democracia, se inspira directamente en la República Social Italiana, y sus fundadores formaban parte de ella. Es una línea política que llega hasta Giorgia Meloni.
“La última página del fascismo es la peor, la más oscura de todas, en la que regresan los hombres de sus orígenes, pero veinte años después, envejecidos, melancólicos, desesperados”, explica Scurati al teléfono en conversación con EL PAÍS. “Dan lugar a una violencia totalmente nihilista, sin horizonte, sin proyecto, sin posibilidad de victoria. Sádica, despiadada, inútil. Y lo interesante, e impactante, es que esta página del fascismo es la menos conocida en nuestro país, la más obstinadamente borrada. Pero también la página del fascismo a la que se remiten y en la que se inspiran los neofascistas de la posguerra”.

Mussolini emerge como una figura “despreciable e imperdonable”, un líder que hunde en el abismo a su pueblo, “por el que jamás siente la más mínima compasión”. En una de sus cartas a su amante, Clara Petacci, finalmente le escribe: “Hoy he descubierto un nuevo sentimiento: la lástima por mí mismo”. “Pero nunca tiene una palabra de compasión por su pueblo”, apunta Scurati. “Es más, esas cartas están llenas de invectivas contra los italianos, mientras mueren a millares en el frente y bajo los bombardeos. Los llama cobardes, pusilánimes, ineptos. Acusa a los italianos de ser culpables del fracaso del fascismo, no al fascismo de haber arruinado a los italianos. Y lo increíble es que este individuo abyecto, este líder perverso, pueda haber sido considerado por los neofascistas como un gran estadista. Y lo han hecho quienes gobiernan el país hoy, que en su juventud eran neofascistas y nunca han sentido la necesidad de reconsiderar ese juicio”.
De ahí el ambiguo título del libro, el fin del fascismo es el principio de la democracia, pero también el inicio de una sombra que ha seguido presente en la historia de Italia, y del mundo. Es más, Scurati cierra su ciclo mirando al presente. “Sí, el final es el comienzo de, digamos, una historia subterránea, la de la democracia luchando constantemente contra el neofascismo y los impulsos antidemocráticos”, analiza el escritor.
Vuelve el fascismo
El libro, de hecho, se abre con una dedicatoria que es una advertencia: “A todos aquellos que todavía creen en la democracia. Que se preparen para luchar”. Cuando comenzó la serie, en 2018, el autor no se imaginaba que el desarrollo de su obra y el interés que generaba iban a discurrir de forma paralela a la situación política. “La sorpresa en estos 15 años, desde que empecé a concebir y trabajar en el proyecto hasta hoy, es que el fascismo ha vuelto a estar de actualidad”, señala.
Esa sorpresa, confiesa Scurati, ha sido uno de los principales descubrimientos que ha hecho durante estos años: “Fue lo último que comprendí. Con el hedonismo y la irresponsabilidad de los años ochenta y noventa creíamos que la democracia era algo inherente a la naturaleza, como el azul del cielo, que era eterna, y olvidamos que es fruto de las luchas, del sufrimiento y de las tragedias de las generaciones que nos han precedido. La breve historia de la democracia nos muestra que no puede haber democracia sin luchar por ella. La lucha ahora se ha reavivado y el resultado no está claro. Dependerá de cuántos demócratas estén dispuestos a luchar y con cuánta determinación”.
Cuando Scurati empezó a hablar hace años de su idea de contar la vida de Mussolini de forma novelada, con una sólida base documental, la reacción de editores y amistades era de incredulidad. “Se mostraban un poco molestos y muy sorprendidos. Molestos porque entonces existía una especie de tabú y el fascismo debía contarse desde el punto de vista de las víctimas, de los antifascistas, y asombrados porque no entendían el motivo”, cuenta. El éxito de la serie ha explicado el motivo: conocer el origen de un fenómeno que volvía y en realidad era muy desconocido.

El propio Scurati comenta que por el camino él mismo ha ido descubriendo cosas, “además de muchas sobre el fascismo que ni siquiera sabía”. “Porque no soy especialista en fascismo, aunque me he convertido en uno, y ni siquiera soy historiador”, dice. “Una de las cosas que he comprendido es que Mussolini fue el primer populista. El Mussolini que yo cuento es diferente del que cuentan otros y tiene todas las características del liderazgo populista. Es un hombre vacío que no tiene ideas propias, ni principios propios, ni una ideología. Se piensa siempre en el fascismo como una ideología, pero en realidad es como un jarrón que se llena de estados de ánimo, de humores, de resentimientos, que olfatea en el aire, sopla sobre ellos, los azuza, los estimula y se deja guiar por ellos”.
Scurati confiesa que tras terminar el último libro ha sentido una liberación. Se había prometido tomarse un año sabático, pero luego pensó que el reverso del fascismo, la lucha por la democracia, merecía otro libro. Ya ha escrito uno sobre héroes de la resistencia en toda Europa a lo largo del siglo XX. Saldrá en octubre en Italia.
Feed MRSS-S Noticias
