En una feria de arte contemporáneo, el público visitante está acostumbrado a casi todo. La sorpresa suele ser un concepto del pasado. Pero siempre queda un resquicio para el asombro y el debate. Quienes este fin de semana (del 2 al 5 de julio) se acerquen al Palacio de Exposiciones y Congresos de Santander se encontrarán con un peculiar puesto entoldado con el rótulo Tortas Constantinopla. Allí se ofrecerán postres helados creados sobre lienzos efímeros en los que color y movimiento crearán una experiencia sensorial entre los visitantes y la artista Nicola Costantino (Rosario, Argentina, 63 años), la creadora invitada en la 34ª edición de ArteSantander que Mónica Álvarez Careaga dirige por tercera vez.



La edición más internacional de la feria ArteSantander abre en plena transformación cultural de la capital cántabra que apuesta por la infraestructura creativa
En una feria de arte contemporáneo, el público visitante está acostumbrado a casi todo. La sorpresa suele ser un concepto del pasado. Pero siempre queda un resquicio para el asombro y el debate. Quienes este fin de semana (del 2 al 5 de julio) se acerquen al Palacio de Exposiciones y Congresos de Santander se encontrarán con un peculiar puesto entoldado con el rótulo Tortas Constantinopla. Allí se ofrecerán postres helados creados sobre lienzos efímeros en los que color y movimiento crearán una experiencia sensorial entre los visitantes y la artista Nicola Costantino (Rosario, Argentina, 63 años), la creadora invitada en la 34ª edición de ArteSantander que Mónica Álvarez Careaga dirige por tercera vez.
El arte comestible de Costantino es el arranque de un recorrido por 40 stands en los que coleccionistas y aficionados en general podrán fijarse en voces artísticas poco representadas junto a creadores cotizados y reconocidos. Las galerías proceden de siete países y exponen obra de 120 artistas. 49 son mujeres, 43 son extranjeros y 12 son cántabros. La feria, financiada por la Comunidad Autónoma y el Ayuntamiento, ha invitado a 120 coleccionistas y expertos.

Esta edición, que se celebra junto a las playas del Sardinero, coincide con una eclosión de espacios artísticos, privados y públicos, que ha levantado grandes expectativas en el sector de la creación y del turismo cultural. Desde 2017, el imponente Centro Botín, construido por Renzo Piano para la fundación del vicepresidente del Banco Santander, Marcelino Botín, era casi el único gran museo con proyección internacional. Hasta entonces, y desde mediados de los 80, los tres centros expositivos de la Autoridad Portuaria de Santander (Palacete del Embarcadero con el Museo Eduardo Sanz-Isabel Villar, la Nave Sotoliva y el Centro de Arte Faro de Cabo Mayor) habían sido un exclusivo reducto en el que contemplar arte de manera gratuita, recuerda Javier Álvarez, secretario del organismo. En el Palacete del Embarcadero exponen este verano obra de la artista Paula Santomé, ganadora del II Premio ArteSantander, que está representada en la feria en la galería Espacio Derivado.

Pero se suman inminentes citas culturales cántabras: la de mayor relumbrón es sin duda Faro Santander, ubicado en el edificio Pereda, antigua sede principal del banco, que ha sido recuperado y restaurado por el arquitecto inglés David Chipperfield. La Colección Banco Santander será base de una exposición permanente que se verá enriquecida por la archifamosa colección Gelman (uno de los mayores legados privados de arte mexicano del XX, objeto ahora de intenso debate en aquel país) y exposiciones temporales como la que se dedicará a Leonora Carrington a primeros de septiembre. Además, aún sin fecha oficial de apertura, siguen las obras de la sede Museo Reina Sofía-Archivo Lafuente en el viejo edificio del Banco de España, junto a la catedral. Y siempre sin salir del paseo Pereda y alrededores, se acaba de abrir el espacio Cultura Material, penúltimo invento del coleccionista José María Lafuente.
En una ciudad costera de 175.000 habitantes, tanta oferta museística podría preocupar por la temible llegada del turismo masivo a una población que presume de su seguridad y tranquilidad. Pero no es así. La opinión mayoritaria, incluida la de los más jóvenes, es que los nuevos espacios animarán el sector cultural. El turismo es un fenómeno extendido por todo el mundo, opina la directora de la feria: “Lo mejor es planificarlo bien, que haya unas infraestructuras adecuadas, y recordemos que habría que crear una facultad de Bellas Artes y reforzar la enseñanza. Para empezar”.
Fábrica de Creación
Marta Romero coordina la Fábrica de Creación, en Tabacalera, un edificio municipal rehabilitado hace cinco años destinado a servicios sociales, centro cívico y actividades artísticas. Y Raúl Hevia, asturiano residente en Santander (61 años), es uno de los 15 artistas que se han beneficiado de las residencias y que repite este año en ArteSantander, dentro del área dedicada a la edición de arte. Impulsor de un proyecto centrado en la fotografía anónima, ha publicado ya cinco libros en pequeño formato que en la pasada edición se vendieron a 25 euros el paquete, y se agotaron. Pese a las sugerencias de la directora de la feria, Hevia no piensa subir el precio porque no se lo plantea como negocio y la tirada la sufraga el Ayuntamiento santanderino. En esta edición presenta también la colección Similar, para la cual los artistas han producido obra original.
Además de procurar espacio para los creadores, el edificio Tabacalera también es un lugar en el que los artistas se pueden reunir. Una de las iniciativas más interesantes la protagoniza la Asociación de Artistas Visuales de Cantabria (AAVCA), con 38 socios, fundada en 2025 por muchos de los que volvieron a sus casas por culpa del coronavirus. Guillermo de Foucault (30 años), Manuel Minch (33) y Marta Valedor (39) reconocen que no hay galería para tanto artista y celebran de ArteSantander que sea una feria en la que darse a conocer ante los coleccionistas. “Debatimos otras formas de representación que no sean estrictamente las galerías”, cuenta De Foucault, quien añade que reclaman espacios para crear y financiar sus obras. El efecto GuggenheimBilbao sobre Santander no les preocupa porque ven su parte positiva: la presencia de público internacional que acabe interesándose por su obra.

El escultor José Cobo (Santander, 66 años) es uno de los artistas cántabros más conocidos y cotizados. En la galería barcelonesa 3 Punts expone tres figuras de lo que él denomina “sus animalitos”: un caballo, un bisonte y una cierva. Los tres están aupados sobre unas patas que son mucho más que un soporte. Formado en Chicago y con larga trayectoria en Nueva York, retornó después de los atentados de las Torres Gemelas en 2001. Muy popular por su obra en espacios públicos santanderinos (como el monumento a Los Raqueros en el puerto, o el homenaje a los hermanos Tonetti en el Parque del Doctor Mesones), Cobo ve muy positiva la proliferación de nuevos espacios dedicados a las artes, pero considera muy urgente que se facilite la enseñanza artística para que la gente joven no se tenga que ir fuera.
Nuevos coleccionistas
La galerista Casilda Pérez del Molino (30 años) abrió Mecha en 2024, un local entregado a las nuevas tendencias y al diseño. Es el quinto espacio en una pequeña ciudad como Santander, y a la marchante le parece un milagro. “Quiero trabajar con artistas locales y jóvenes, capaces de hacer una ocupación total de la galería como ha hecho Néstor del Barrio (32 años). Este pintor, amante del collage, ha creado un deslumbrante camuflaje que remite a la Primera Guerra Mundial. El artista, mecánico de formación y residente en la montaña, considera que el reciclado es el mejor nutriente para la obra de arte contemporánea.
A lo largo de los cuatro días que consume ArteSantander, desfilarán algunos de los muchos coleccionistas relacionados con Cantabria. A los nombres de Carlos Vallejo, Eulogio Sánchez, Jaime Sordo, Manuel Navacerrada, Fernando Fernández, Antonio Toca o José María Lafuente se van sumando otros que de manera modesta acaban siendo la sal de la feria. Es el caso de Jorge Martínez Laredo (29 años), empresario del transporte que hace tiempo decidió gastar sus ahorros en obras de arte. Su gusto va por la expresión figurativa y su tope de gasto son los 600 euros.
Desde la oposición, la escritora y concejala socialista Rosa María Pereda comparte la opinión de que el turismo cultural que pueda visitar Santander con los nuevos centros será bueno para la ciudad. Pero, al igual que Cobo, reclama presupuesto para la enseñanza de las Artes. “No tenemos un teatro municipal ni compañía de teatro estable. Tampoco tenemos una orquesta municipal”, lamenta. “En los conservatorios, dos en Santander, uno de ellos municipal, y otro en Torrelavega, de su municipio, llegan al llamado nivel profesional hasta los 14 años. Así que los chavales que quieran continuar tienen que hacerlo fuera de la ciudad y de la Autonomía. Se expulsan jóvenes o se pierde talento en una ciudad muy envejecida”.
Feed MRSS-S Noticias
