Uno de los mayores esfuerzos del Gobierno israelí desde que se arrancó su apisonadora militar contra los palestinos de Gaza como respuesta a los terribles atentados de Hamás del 7 de octubre ha sido evitar a toda costa que haya testigos profesionales de lo que allí ha ocurrido y sigue ocurriendo. Es importante recordarlo: según cifras del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), el Ejército israelí ha matado a más de 200 reporteros palestinos en Gaza y, por primera vez en la historia, ningún corresponsal internacional ha podido grabar o informar desde el terreno, salvo en contadas ocasiones, cuidadosamente planeadas por el invasor.
NAZA
Dirección: Yuval Abraham y Rachel Szor.
Género: documental político. Reino Unido, 2026.
Duración: 80 minutos.
Estreno: 9 de octubre.
La película de Abraham y Szor, coproducida por el diario ‘The Guardian’, confronta a la sociedad israelí con los testimonios de 24 militares que detallan el sistema de asesinato en masa de palestinos
Uno de los mayores esfuerzos del Gobierno israelí desde que se arrancó su apisonadora militar contra los palestinos de Gaza como respuesta a los terribles atentados de Hamás del 7 de octubre ha sido evitar a toda costa que haya testigos profesionales de lo que allí ha ocurrido y sigue ocurriendo. Es importante recordarlo: según cifras del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), el Ejército israelí ha matado a más de 200 reporteros palestinos en Gaza y, por primera vez en la historia, ningún corresponsal internacional ha podido grabar o informar desde el terreno, salvo en contadas ocasiones, cuidadosamente planeadas por el invasor.
NAZA, el documental de los judíos israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor que detalla los sistemas diseñados por el Ejército de Israel para el exterminio de los palestinos de Gaza y para la destrucción de su memoria, es un triunfo de la alianza entre periodismo y cine. Filmada de noche en las azoteas de Tel Aviv, la investigación periodística, avalada por The Guardian, medio británico de prestigio global que ha coproducido la película, ocupa el primer plano con los testimonios de 24 oficiales de inteligencia y soldados que, protegidos por el derecho al anonimato de las fuentes, revelan sin ser vistos en qué ha consistido el engranaje de su salvaje misión y cómo justifican una masacre de 73.000 palestinos diseñada y ejecutada como un videojuego.
Frente al demoledor mazazo de estos testimonios (constatados por más de un centenar de entrevistados) el cine se abre paso entre líneas en NAZA para atrapar otro tipo de violencia, la que no se nombra: la de una ciudad sonámbula que sigue su curso. La cámara de Abraham y Szor se asoma desde esos mismos tejados clandestinos a una urbe moderna que aparenta ser como todas, pero no lo es: desde las ventanas de los confortables apartamentos, algunos toman un té o practican yoga iluminados por la propaganda que escupen sus televisores. Es el paisaje visual y sonoro de una negación colectiva, la que ha deshumanizado a esos gazatíes (dos millones de desplazados) que, a 60 kilómetros de Tel Aviv, sobreviven entre escombros y ratas.

Abraham y Szor, codirectores junto a los palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal del premiado documental sobre la Cisjordania ocupada No Other Land (2024), tienen claro a qué público va dirigida su película: a la opinión pública de su país y a la de los estados que lo respaldan y sostienen, sobre todo Estados Unidos y Alemania, donde la censura contra la causa palestina ha operado desde 2023 de forma escandalosa en museos, calles, centros culturales y universidades. NAZA no es una película pensada para convencer a los convencidos, o para conmoverlos —aunque contemplarla provoque como poco arcadas—, sino para confrontar con testimonios verificados a los negacionistas. Un desafío que incluye un guiño explícito a la insobornable memoria oral de Shoah, la obra maestra de Claude Lanzmann que cambió el curso del cine y que se anuncia en la fachada de la Cinemateca de Tel Aviv el día del 80º aniversario del Holocausto.
El brutal revuelo ocasionado en Israel por la película, las amenazas de su presidente —que ha comparado NAZA con un misil lanzado contra el país—, las arengas callejeras pidiendo el castigo a los directores y sus familias, la cascada de artículos y análisis desde que se proyectó en la penúltima jornada de la Mostra de Venecia, donde recibió el Premio Especial del Jurado, demuestran la puntería de una película a la que incluso le ha salido un cutre contradocumental oficial en los últimos días, NAZA The True Story, seguramente impulsado por la noticia de que NAZA estará disponible online de forma gratuita en noviembre.

Es importante también recordar que nada de lo que cuenta la película es una sorpresa (se ha publicado antes en The Guardian y en los medios palestino-israelís +972 Magazine y Local Call), pero ninguno de sus reportajes logró semejante impacto. A las feroces críticas dentro de Israel se han sumado las de algunos sectores propalestinos, que se quejan de que sean dos directores judíos quienes legitimen lo que sus periodistas llevan tiempo denunciando. Es improbable que un reportero que no sea israelí pueda conseguir los testimonios que Abraham y Szor logran reunir en esa noche eterna de Tel Aviv.
Detrás de NAZA, además de The Guardian, está el productor judío británico James Wilson, que también financió la endeble La voz de Hind, que hace un año obtuvo un galardón más relevante en Venecia, el Gran Premio del Jurado, pese a su más inconsistente propuesta. Wilson y su colaborador desde hace décadas, el también judío británico Jonathan Glazer —cineasta cuya influencia como productor asociado se nota— se suman, junto a figuras como la ensayista Naomi Klein, la artista Nan Goldin o el escritor Benjamin Moser, a una corriente que reclama su linaje con el judaísmo antisionista.
En la película reciente que mejor retrata en qué consiste la cadena que propicia una investigación periodística solvente, Spotlight (2015) —sobre el trabajo que emprendió a principios de este siglo The Boston Globe para llegar al fondo de los abusos a menores dentro de la Iglesia católica estadounidense—, el editor del periódico, Marty Baron (Liev Schreiber), les da dos valiosos consejos a sus reporteros. Solo apuntando al “sistema” se pueden cambiar las cosas, es uno. El otro es que cuanto menos adjetivos, mucho mejor. En sus 80 minutos de metraje, NAZA persigue ambos objetivos: exponer al mayor número de espectadores un entramado de matanzas masivas basadas en la idea de que no hay inocentes en Gaza y de hacerlo además sin adornos, con lo sustantivo.
Aunque podríamos cuestionar el epílogo de la película, por ser el único momento en el que el fuera de campo en el que se ha mantenido a las víctimas se rompe, hay algo poderoso en ese insoportable aullido final. Hemos visto centenares de imágenes similares en nuestro móvil durante los últimos tres años, pero les aseguro que no es lo mismo hacerlo después de haber visto y oído lo que tiene que decir NAZA. Todos los testimonios de la película, toda su noche, sus azoteas y sus paseos urbanos quedan reducidos al escombro moral en el que, para una generación entera, Occidente ha quedado sepultado por su inacción.
NAZA
Dirección: Yuval Abraham y Rachel Szor.
Género: documental político. Reino Unido, 2026.
Duración: 80 minutos.
Estreno: 9 de octubre.
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