El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, inauguró en 2020 un monumento en homenaje a los llamados “últimos de Filipinas”, el grupo de 50 españoles que se atrincheraron durante un año en una iglesia de la isla de Luzón sin saber que España había entregado el archipiélago a Estados Unidos en diciembre 1898, poniendo fin a tres siglos de ocupación colonial. El regidor cumplía así la promesa electoral que hizo a sus votantes, en desquite al rechazo a rememorar aquella “gesta” por parte del anterior Gobierno municipal, liderado por Manuela Carmena. Donde unos hablaban de “héroes”, otros decían “soldados de un ejército colonial”.
La obra de teatro documental ‘Las últimas’ explora la huella de España en el archipiélago con un elenco formado por intépretes de ambos países
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, inauguró en 2020 un monumento en homenaje a los llamados “últimos de Filipinas”, el grupo de 50 españoles que se atrincheraron durante un año en una iglesia de la isla de Luzón sin saber que España había entregado el archipiélago a Estados Unidos en diciembre 1898, poniendo fin a tres siglos de ocupación colonial. El regidor cumplía así la promesa electoral que hizo a sus votantes, en desquite al rechazo a rememorar aquella “gesta” por parte del anterior Gobierno municipal, liderado por Manuela Carmena. Donde unos hablaban de “héroes”, otros decían “soldados de un ejército colonial”.
El episodio, que resuena esperpénticamente con la reciente cruzada de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, defendiendo en México la figura del conquistador Hernán Cortés, se recrea de manera satírica en la obra Las últimas, escrita y dirigido por Lucía Miranda, estrenada este martes en el teatro Valle-Inclán de Madrid con producción del Centro Dramático Nacional. Creada a partir de entrevistas con españoles y filipinos, se trata de una pieza de teatro documental que explora la huella que la ocupación española ha dejado en el archipiélago asiático, tanto individual como colectiva, combinando la técnica verbatim (transcripción literal de los testimonios recabados) con las crónicas históricas y la especulación ficticia.
Pero la gran particularidad de la obra es que su elenco está formado en su mayoría por intérpretes con vínculos familiares en ambos países. Es decir, son sus propias historias las que articulan el espectáculo, arrojando reveladores contrastes entre la visión de colonizadores y los colonizados. Por ejemplo, entre ellos está la actriz filipina Julia Enríquez, hija de un desaparecido de la dictadura de Ferdinand Marcos, que sintetiza en dos frases su visión sobre el episodio de “los últimos”: “Los libros de texto en España dicen: ‘España cedió Filipinas a EE UU’. Los filipinos decimos: ‘España vendió Filipinas a Estados Unidos por 20 millones de dólares”, dice al principio de la función.

Por la obra desfilan de manera grotesca personajes de la época colonial, desde Magallanes o sor Jerónima de la Asunción (la monja que abrió el primer convento en Filipinas) hasta otros más recientes como Imelda Marcos, Carmen Polo o los citados alcaldes Martínez-Almeida y Carmena. Estirando aún más los tópicos, sus apariciones está salpicadas de canciones de karaoke, una gran pasión en Filipinas, alternadas con grandes hits del repertorio de las tunas españolas, interpretados en directo por una agrupación femenina.
Estos episodios históricos se entrecruzan con las historias vitales de los nueve intérpretes, de los cuales solo Belén Ponce de León no tiene conexiones directas con el archipiélago. Por un lado, están los españoles de ascendencia filipina de primera generación: la actriz Alexandra Masangkay, el músico Laurence Aliganga y el bailarín Chris Angelous Manalo. Por otro, Belén de Santiago y Juan Paños, colaboradores habituales de Lucía Miranda, que casualmente tuvieron un abuelo filipino.
De hecho, según la autora, esa fue una de las razones que impulsaron el montaje: “Cuando nos dimos cuenta de que dos miembros de la compañía tenían un abuelo filipino, me saltó una alarma: ¿por qué Filipinas no aparece apenas en el relato de la colonización española? Te das cuenta de lo ignorantes que somos cuando vas allí: ellos saben muchísimo sobre España, mientras que aquí apenas nos suenan cuatro anécdotas”, explica la autora en conversación con EL PAÍS.

Los historiadores apuntan varias razones que explican esta indiferencia. En un archipiélago tan grande, formado por más de siete mil islas, que por entonces no tenía una estructura estatal, la presencia española se concentró en la zona del norte, considerada simplemente como enclave de paso para el comercio con China desde Acapulco. Es decir, se trató de una colonización débil, ejecutada por soldados, frailes, monjas y comerciantes con intereses en China. Por eso no se implantó el español y por eso también el norte es muy católico, mientras que el sur es de mayoría musulmana.
Pero hay huellas que, pese a todo, permanecen. Dice la actriz Julia Enríquez en la obra: “El colonialismo para mí se siente como… estar en una relación violenta. (…) Todavía estamos sanando y recuperándonos de una relación abusiva. Todavía estamos intentando descubrir quiénes somos. (…) Aunque el agresor ya no esté, el abuso permanece en ciertas partes del cuerpo”. Otro personaje representado en la función, profesor universitario en Manila, reflexiona: “El elitismo en la sociedad filipina es un movimiento que lo podemos trazar hasta la época española. Son las mismas familias de siempre. Los Arroyo, por ejemplo, la familia de la expresidenta [Gloria Macapagal-Arroyo]”.
Aunque responde a un impulso artístico personal, el estreno de Las últimas podría enmarcarse dentro de los procesos de descolonización cultural emprendidos en todo el mundo en los últimos años, que ponen en cuestión los relatos históricos oficiales, incorporando las voces de los pueblos colonizados. En este caso, con el valor añadido de enfocarse en un territorio casi ignorado en España, enfocada sobre todo hacia Latinoamérica. “Por mucho que lo ignoremos, las consecuencias son claras, tanto a nivel político como individual. Hay una cosa que ocurrió durante la creación de la obra y que lo ilustra muy bien: entre todos los representantes de instituciones a los que entrevisté en ambos países, solo el director del Museo Nacional de Filipinas, Jeremy Barnes, me permitió usar su nombre. Eso demuestra que hay ciertas cosas de las que todavía cuesta hablar”, apunta Lucía Miranda.

Tal vez sea la hora de Filipinas. A pocos pasos del teatro Valle-Inclán, en la vecina Casa Encendida, se inaugura este jueves la exposición Kumusta na kayo?, que reúne a cinco artistas y colectivos filipinos que ofrecen una visión del archipiélago desde dentro. Más que ofrecer una panorámica representativa del arte contemporáneo filipino, los creadores seleccionados (Chia Amisola, Kiri Dalena y Ben Brix, Leslie de Chavez, Czar Kristoff J.P. y MM Yu) trabajan con su propio contexto como materia prima y sus trabajos ofrecen una visión de la Filipinas actual, deteniéndose en episodios concretos que plantean una reflexión crítica sobre la herencia colonial”, explica por teléfono el comisario de la muestra, Álvaro Talavera. “Kumusta na kayo?, que en tagalo significa ‘¿cómo estáis ahora?’, abre un espacio de diálogo entre Filipinas y España que invierte la dirección histórica del relato colonial”, escribe en su texto de presentación.
Feed MRSS-S Noticias
