
Garcigrande debe ser una de esas ganaderías a las que se apuntan diez o doce toreros cuando la empresa comienza a diseñar una feria importante; de eso se quejan los responsables de los carteles, de que tienen que devanarse los sesos para convencer al menos a nueve de los aspirantes de que en una tarde solo caben tres.
Garcigrande/Morenito, Talavante, Aguado
Toros de Garcigrande -tercero y quinto, devueltos por inválidos; el primer sobrero perteneció al mismo hierro y salió en sexto lugar y también fue devuelto; el segundo, de Torrealta, bien presentado, astifino, manso y muy noble- desiguales de presentación, mansos, blandos, descastados y nobles. Tercer sobrero, también de Torrealta, bien presentado, astifino, descastado y deslucido.
Morenito de Aranda: estocada (ovación); _aviso_ estocada algo caída (ovación).
Alejandro Talavante: pinchazo, media atravesada y un descabello (silencio); estocada contraria y suelta (oreja con protestas).
Pablo Aguado: tres pinchazos y estocada (silencio); estocada trasera y algo caída y un descabello (silencio)
Plaza de toros de Las Ventas. 29 de mayo. Decimonoveno festejo de la Feria de San Isidro. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
La terna se estrelló contra la inutilidad de uno de los hierros ganaderos más demandados por las figuras, y Talavante cortó una oreja de verbena
Garcigrande debe ser una de esas ganaderías a las que se apuntan diez o doce toreros cuando la empresa comienza a diseñar una feria importante; de eso se quejan los responsables de los carteles, de que tienen que devanarse los sesos para convencer al menos a nueve de los aspirantes de que en una tarde solo caben tres.
Es verdad, además, que este hierro ganadero ha proporcionado triunfos importantes a más de uno, razón más que suficiente para que los apoderados de los grandes hagan cola a las puertas de los despachos; pero siempre ha sido la bondad tontuna la que, en general, ha caracterizado a estos toros.
Queda claro, pues, por qué tanta demanda torerista, porque el toro mantiene su riesgo, faltaría más, pero predomina en su comportamiento esa nobleza anodina que permite la confianza que a otros ni se les atisba.
Confianza que es sinónimo de sopor insoportable, que es lo que aparece en la plaza cuando no hay toro, sino una caricatura mansa, descastada y aplomada. Justamente, este podría ser el resumen del festejo de esta tarde.
Los toros anunciados, dos de ellos y un sobrero del mismo hierro devueltos por inválidos, no sirvieron para el torero de verdad, sino para un tentadero insípido y aburrido. Ni siquiera el primer sobrero de Torrealta, otro santo varón con almíbar en las entrañas, que permitió que Talavante ensayara una faena de salón en el patio de su casa que solo emocionó a quienes acuden a la plaza con la decidida intención de amortizar el precio de la entrada. Un toro tonto que va y viene lastimosamente y un señor vestido de luces que pretende lucirse como si hubiera dominado la fiereza y la casta no pueden ser nunca objeto de premio.
No hubo opciones para Morenito de Aranda y Pablo Aguado; bueno, lo de que no hubo sería cuestión de discutirlo. El primero, por ejemplo, se encontró con dos benditos de cuatro patas, y solo en algún momento aislado fue capaz el torero de acallar el murmullo de la plaza, prueba inequívoca de que no interesaba lo que sucedía en el ruedo.
Recibió a su primero de rodillas a porta gayola, que quiere decir en la puerta de toriles, pero no fue verdad, porque el torero se situó en los medios, muy cerca del centro del anillo, una costumbre ya utilizada por la inmensa mayoría de los que se arriesgan con esta suerte. Morenito pasó apuros porque el toro se paró en la salida, quizá desconcertado al verse rodeado de tanta gente, se frenó y si su lidiador no se levanta raudo se gana una voltereta anunciada. Pero no pasó nada, por fortuna.
Morenito hizo un trasteo superficial, que supo a muy poco, despegado y sin mando, y toda su labor transcurrió entre la apatía general. Mejoró ante el cuarto, pero solo en unos pocos muletazos en los que el torero mandó de verdad en la embestida de su noble colaborador. No acabó de convencer el diestro de Aranda de Duero.
Y mejor, sin estridencia alguna, se le vio hoy a Pablo Aguado, muy decidido y garboso con el capote —se lució con verónicas y medias a cámara lenta, y en un airoso galleo por chicuelinas—, y prácticamente no pudo decir nada con la muleta. Inválido era su primero, y descastado y deslucido el sobrero sexto de Torrealta.
En fin, que la corrida de hoy, esa por la que pujarían en su día diez o doce toreros, ha sido, en verdad, un auténtico petardo.
Toros de Garcigrande -tercero y quinto, devueltos por inválidos; el primer sobrero perteneció al mismo hierro y salió en sexto lugar y también fue devuelto; el segundo, de Torrealta, bien presentado, astifino, manso y muy noble- desiguales de presentación, mansos, blandos, descastados y nobles. Tercer sobrero, también de Torrealta, bien presentado, astifino, descastado y deslucido.
Morenito de Aranda: estocada (ovación); _aviso_ estocada algo caída (ovación).
Alejandro Talavante: pinchazo, media atravesada y un descabello (silencio); estocada contraria y suelta (oreja con protestas).
Pablo Aguado: tres pinchazos y estocada (silencio); estocada trasera y algo caída y un descabello (silencio)
Plaza de toros de Las Ventas. 29 de mayo. Decimonoveno festejo de la Feria de San Isidro. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
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