Hace 56 años Chile eligió a Salvador Allende: el día en que una revolución buscó llegar al poder por las urnas

 

La noche del 4 de septiembre de 1970 Chile sabía que estaba entrando en territorio desconocido.

Salvador Allende Gossens, candidato de la Unidad Popular, había obtenido la primera mayoría en la elección presidencial con 1.070.334 votos, equivalentes al 36,2%. Jorge Alessandri alcanzó 34,9% y Radomiro Tomic, abanderado de la Democracia Cristiana, 27,8%. Ninguno consiguió mayoría absoluta, por lo que la decisión definitiva debía pasar por el Congreso Pleno.

Pero políticamente aquella noche ya había ocurrido algo que trascendía los porcentajes.

Por primera vez, un dirigente marxista llegaba a las puertas de la Presidencia mediante una elección competitiva y dentro del sistema institucional de una democracia occidental. Allende proponía avanzar hacia el socialismo sin abandonar las elecciones, el Parlamento, el pluralismo político ni las libertades públicas. Era lo que pronto sería conocido internacionalmente como la “vía chilena al socialismo”.

Hoy se cumplen 56 años de aquella elección. Mirarla desde 2026 obliga a hacer un ejercicio particularmente difícil: recordar el 4 de septiembre de 1970 sin convertirlo automáticamente en un prólogo del 11 de septiembre de 1973.

Aquella noche el golpe de Estado todavía no había ocurrido.

Allende estaba vivo. La Unidad Popular aún no gobernaba. La nacionalización del cobre, las expropiaciones, la crisis económica, las movilizaciones, los conflictos institucionales, la intervención estadounidense, la radicalización política y la ruptura democrática pertenecían todavía al futuro.

El 4 de septiembre Chile tenía delante distintos caminos posibles.

Tres proyectos de país

La elección de 1970 enfrentó mucho más que tres candidaturas.

Allende encabezaba una coalición integrada por socialistas, comunistas, radicales y otras fuerzas de izquierda que proponía transformar profundamente la estructura económica y social del país.

Jorge Alessandri representaba a la derecha y buscaba regresar a La Moneda después de haber gobernado entre 1958 y 1964.

Radomiro Tomic, por su parte, intentaba profundizar desde la Democracia Cristiana las reformas iniciadas durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva.

En otras palabras, buena parte del electorado chileno votaba por alguna modalidad de transformación. Las diferencias estaban en la profundidad, velocidad y dirección de esos cambios.

La estrechez del resultado mostraba también un país prácticamente dividido en tres grandes bloques políticos. Apenas 39.175 votos separaron a Allende de Alessandri.

No había segunda vuelta presidencial. La Constitución de 1925 establecía que, cuando ningún candidato obtenía mayoría absoluta, correspondía al Congreso Pleno escoger entre las dos primeras mayorías.

Por eso Allende todavía no podía considerarse jurídicamente Presidente electo.

La noche de la FECh

Mientras avanzaba el escrutinio, miles de partidarios de la Unidad Popular comenzaron a concentrarse en Santiago.

Allende habló durante la madrugada desde la sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. No lo hizo desde La Moneda ni desde una estructura oficial del Estado, sino desde un espacio estrechamente vinculado a su trayectoria política y a la movilización social de la época.

La escena terminaría convirtiéndose en una de las imágenes emblemáticas de la historia política chilena del siglo XX.

La celebración contenía una enorme expectativa. Después de tres intentos presidenciales anteriores —1952, 1958 y 1964—, Allende estaba finalmente a un paso de alcanzar la Presidencia.

Pero desde ese momento comenzó también una segunda batalla: conseguir la ratificación del Congreso.

El Congreso y las garantías constitucionales

La Democracia Cristiana se convirtió entonces en el actor decisivo.

Sus parlamentarios podían inclinar la elección en favor de Allende o Alessandri. Finalmente resolvieron respaldar a la primera mayoría, pero condicionaron su apoyo a un acuerdo destinado a reforzar determinadas garantías democráticas.

De esa negociación nació el denominado Estatuto de Garantías Constitucionales.

La Democracia Cristiana planteó, entre otras materias, la protección del pluralismo político, las libertades públicas, la autonomía de organizaciones sociales y la libertad de prensa. Allende y los partidos de la Unidad Popular aceptaron ese compromiso.

El 24 de octubre de 1970, el Congreso Pleno ratificó a Salvador Allende como Presidente de la República.

El episodio es relevante incluso 56 años después porque recuerda algo que suele perderse cuando la historia se reconstruye solamente desde su desenlace: la llegada de Allende al poder ocurrió mediante una compleja negociación institucional entre adversarios que desconfiaban profundamente unos de otros, pero que todavía reconocían reglas comunes.

Un experimento observado por el mundo

La elección provocó inmediatamente atención internacional.

En plena Guerra Fría, Chile se disponía a intentar algo que desafiaba las categorías políticas del momento: construir una sociedad socialista sin una revolución armada y conservando instituciones democráticas.

Eso convertía al país en un laboratorio político observado desde Washington, Moscú, La Habana y las principales capitales europeas.

La experiencia chilena planteaba una interrogante que excedía ampliamente sus fronteras: ¿era posible realizar transformaciones estructurales profundas manteniendo una democracia pluralista?

Durante los tres años siguientes, esa pregunta sería sometida a tensiones cada vez mayores.

Pero el 4 de septiembre de 1970 todavía permanecía abierta.

El 4 de septiembre también cambió de significado

Cincuenta y seis años después, la fecha tiene además una inesperada segunda vida política.

El 4 de septiembre de 2022, exactamente 52 años después del triunfo de Allende, Chile rechazó por 61,86% la primera propuesta constitucional surgida del proceso iniciado tras el estallido social de 2019.

Desde entonces, sectores de la derecha han reivindicado ese segundo “4 de septiembre” como un hito propio.

El Presidente José Antonio Kast ha aludido expresamente en estos días a ambas fechas al hablar de la memoria histórica del país. Su gobierno llega además a este aniversario en un contexto político muy distinto al de 1970, mientras sectores conservadores internacionales celebran en Santiago el avance electoral de la derecha en América Latina.

Así, una misma fecha contiene hoy dos acontecimientos separados por más de medio siglo y políticamente contrapuestos.

Eso dice bastante sobre la forma en que Chile disputa su memoria.

Lo que queda 56 años después

Allende continúa siendo una de las figuras más discutidas de la historia chilena.

Para unos representa un proyecto democratizador, popular y emancipador destruido mediante un golpe militar. Para otros, su gobierno condujo al país hacia una crisis económica, social e institucional que consideran indispensable incorporar al balance histórico.

Ambas discusiones seguirán existiendo.

Pero el 4 de septiembre permite observar algo anterior a ellas.

Hace 56 años, tres proyectos profundamente distintos se enfrentaron en las urnas. La diferencia entre los dos primeros fue de poco más de un punto porcentual. La sociedad estaba polarizada y las apuestas políticas eran extraordinariamente altas.

Sin embargo, el conflicto todavía se procesaba mediante elecciones, negociaciones parlamentarias y procedimientos constitucionales.

Quizá ahí reside una de las dimensiones más actuales de aquella jornada.

En un Chile de 2026 donde nuevamente se discute sobre polarización, extremos políticos, migración, seguridad, derechos sociales, memoria histórica y el sentido mismo de la democracia, el 4 de septiembre de 1970 recuerda que las instituciones democráticas no eliminan los conflictos.

Lo que hacen —cuando funcionan— es ofrecer una manera de resolverlos sin destruir al adversario.

Aquel día, 1.070.334 chilenos eligieron a Salvador Allende y otros casi dos millones optaron por candidatos diferentes.

Chile estaba dividido.

Pero todavía creía que la decisión debía tomarse contando votos.

La entrada Hace 56 años Chile eligió a Salvador Allende: el día en que una revolución buscó llegar al poder por las urnas se publicó primero en El Periodista.

 La noche del 4 de septiembre de 1970 Chile sabía que estaba entrando en territorio desconocido. Salvador Allende Gossens, candidato de la Unidad Popular, había obtenido la primera mayoría en la elección presidencial con 1.070.334 votos, equivalentes al 36,2%. Jorge Alessandri alcanzó 34,9% y Radomiro Tomic, abanderado de la Democracia Cristiana, 27,8%. Ninguno consiguió mayoría
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La noche del 4 de septiembre de 1970 Chile sabía que estaba entrando en territorio desconocido.

Salvador Allende Gossens, candidato de la Unidad Popular, había obtenido la primera mayoría en la elección presidencial con 1.070.334 votos, equivalentes al 36,2%. Jorge Alessandri alcanzó 34,9% y Radomiro Tomic, abanderado de la Democracia Cristiana, 27,8%. Ninguno consiguió mayoría absoluta, por lo que la decisión definitiva debía pasar por el Congreso Pleno.

Pero políticamente aquella noche ya había ocurrido algo que trascendía los porcentajes.

Por primera vez, un dirigente marxista llegaba a las puertas de la Presidencia mediante una elección competitiva y dentro del sistema institucional de una democracia occidental. Allende proponía avanzar hacia el socialismo sin abandonar las elecciones, el Parlamento, el pluralismo político ni las libertades públicas. Era lo que pronto sería conocido internacionalmente como la “vía chilena al socialismo”.

Hoy se cumplen 56 años de aquella elección. Mirarla desde 2026 obliga a hacer un ejercicio particularmente difícil: recordar el 4 de septiembre de 1970 sin convertirlo automáticamente en un prólogo del 11 de septiembre de 1973.

Aquella noche el golpe de Estado todavía no había ocurrido.

Allende estaba vivo. La Unidad Popular aún no gobernaba. La nacionalización del cobre, las expropiaciones, la crisis económica, las movilizaciones, los conflictos institucionales, la intervención estadounidense, la radicalización política y la ruptura democrática pertenecían todavía al futuro.

El 4 de septiembre Chile tenía delante distintos caminos posibles.

Tres proyectos de país

La elección de 1970 enfrentó mucho más que tres candidaturas.

Allende encabezaba una coalición integrada por socialistas, comunistas, radicales y otras fuerzas de izquierda que proponía transformar profundamente la estructura económica y social del país.

Jorge Alessandri representaba a la derecha y buscaba regresar a La Moneda después de haber gobernado entre 1958 y 1964.

Radomiro Tomic, por su parte, intentaba profundizar desde la Democracia Cristiana las reformas iniciadas durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva.

En otras palabras, buena parte del electorado chileno votaba por alguna modalidad de transformación. Las diferencias estaban en la profundidad, velocidad y dirección de esos cambios.

La estrechez del resultado mostraba también un país prácticamente dividido en tres grandes bloques políticos. Apenas 39.175 votos separaron a Allende de Alessandri.

No había segunda vuelta presidencial. La Constitución de 1925 establecía que, cuando ningún candidato obtenía mayoría absoluta, correspondía al Congreso Pleno escoger entre las dos primeras mayorías.

Por eso Allende todavía no podía considerarse jurídicamente Presidente electo.

La noche de la FECh

Mientras avanzaba el escrutinio, miles de partidarios de la Unidad Popular comenzaron a concentrarse en Santiago.

Allende habló durante la madrugada desde la sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. No lo hizo desde La Moneda ni desde una estructura oficial del Estado, sino desde un espacio estrechamente vinculado a su trayectoria política y a la movilización social de la época.

La escena terminaría convirtiéndose en una de las imágenes emblemáticas de la historia política chilena del siglo XX.

La celebración contenía una enorme expectativa. Después de tres intentos presidenciales anteriores —1952, 1958 y 1964—, Allende estaba finalmente a un paso de alcanzar la Presidencia.

Pero desde ese momento comenzó también una segunda batalla: conseguir la ratificación del Congreso.

El Congreso y las garantías constitucionales

La Democracia Cristiana se convirtió entonces en el actor decisivo.

Sus parlamentarios podían inclinar la elección en favor de Allende o Alessandri. Finalmente resolvieron respaldar a la primera mayoría, pero condicionaron su apoyo a un acuerdo destinado a reforzar determinadas garantías democráticas.

De esa negociación nació el denominado Estatuto de Garantías Constitucionales.

La Democracia Cristiana planteó, entre otras materias, la protección del pluralismo político, las libertades públicas, la autonomía de organizaciones sociales y la libertad de prensa. Allende y los partidos de la Unidad Popular aceptaron ese compromiso.

El 24 de octubre de 1970, el Congreso Pleno ratificó a Salvador Allende como Presidente de la República.

El episodio es relevante incluso 56 años después porque recuerda algo que suele perderse cuando la historia se reconstruye solamente desde su desenlace: la llegada de Allende al poder ocurrió mediante una compleja negociación institucional entre adversarios que desconfiaban profundamente unos de otros, pero que todavía reconocían reglas comunes.

Un experimento observado por el mundo

La elección provocó inmediatamente atención internacional.

En plena Guerra Fría, Chile se disponía a intentar algo que desafiaba las categorías políticas del momento: construir una sociedad socialista sin una revolución armada y conservando instituciones democráticas.

Eso convertía al país en un laboratorio político observado desde Washington, Moscú, La Habana y las principales capitales europeas.

La experiencia chilena planteaba una interrogante que excedía ampliamente sus fronteras: ¿era posible realizar transformaciones estructurales profundas manteniendo una democracia pluralista?

Durante los tres años siguientes, esa pregunta sería sometida a tensiones cada vez mayores.

Pero el 4 de septiembre de 1970 todavía permanecía abierta.

El 4 de septiembre también cambió de significado

Cincuenta y seis años después, la fecha tiene además una inesperada segunda vida política.

El 4 de septiembre de 2022, exactamente 52 años después del triunfo de Allende, Chile rechazó por 61,86% la primera propuesta constitucional surgida del proceso iniciado tras el estallido social de 2019.

Desde entonces, sectores de la derecha han reivindicado ese segundo “4 de septiembre” como un hito propio.

El Presidente José Antonio Kast ha aludido expresamente en estos días a ambas fechas al hablar de la memoria histórica del país. Su gobierno llega además a este aniversario en un contexto político muy distinto al de 1970, mientras sectores conservadores internacionales celebran en Santiago el avance electoral de la derecha en América Latina.

Así, una misma fecha contiene hoy dos acontecimientos separados por más de medio siglo y políticamente contrapuestos.

Eso dice bastante sobre la forma en que Chile disputa su memoria.

Lo que queda 56 años después

Allende continúa siendo una de las figuras más discutidas de la historia chilena.

Para unos representa un proyecto democratizador, popular y emancipador destruido mediante un golpe militar. Para otros, su gobierno condujo al país hacia una crisis económica, social e institucional que consideran indispensable incorporar al balance histórico.

Ambas discusiones seguirán existiendo.

Pero el 4 de septiembre permite observar algo anterior a ellas.

Hace 56 años, tres proyectos profundamente distintos se enfrentaron en las urnas. La diferencia entre los dos primeros fue de poco más de un punto porcentual. La sociedad estaba polarizada y las apuestas políticas eran extraordinariamente altas.

Sin embargo, el conflicto todavía se procesaba mediante elecciones, negociaciones parlamentarias y procedimientos constitucionales.

Quizá ahí reside una de las dimensiones más actuales de aquella jornada.

En un Chile de 2026 donde nuevamente se discute sobre polarización, extremos políticos, migración, seguridad, derechos sociales, memoria histórica y el sentido mismo de la democracia, el 4 de septiembre de 1970 recuerda que las instituciones democráticas no eliminan los conflictos.

Lo que hacen —cuando funcionan— es ofrecer una manera de resolverlos sin destruir al adversario.

Aquel día, 1.070.334 chilenos eligieron a Salvador Allende y otros casi dos millones optaron por candidatos diferentes.

Chile estaba dividido.

Pero todavía creía que la decisión debía tomarse contando votos.

 Salud y Sociedad archivos – El Periodista

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