
Un amplio sector de la plaza de Las Ventas se erigió en tribunal supremo y se las hizo pasar canutas a Marco Pérez, el joven torero que confirmaba la alternativa. No solo le mostró una indiferencia absoluta hacia la encomiable disposición del torero, sino que manifestó de modo estentóreo su protesta durante la faena de muleta del toro que abrió plaza, al que tributó una muy inmerecida ovación cuando era arrastrado al desolladero, y no prestó atención alguna al valor sin cuento demostrado por Pérez ante el deslucido sexto.
Del Río / De Justo, Hernández, Pérez
Toros de Victoriano del Río, bien presentados, desiguales en varas, nobles y muy sosos. Solo el sexto empujó con fiereza en el caballo y permitió el lucimiento de Alberto Sandoval, que fue largamente aplaudido.
Emilio de Justo: estocada contraria -aviso- y un descabello (silencio); pinchazo y bajonazo (silencio).
Víctor Hernández: pinchazo, estoca atravesada que asoma por el costillar, casi entera -aviso- (silencio); estocada y tres descabellos (silencio).
Marco Pérez, que confirmó la alternativa: estocada (división de opiniones); pinchazo y estocada (silencio y algunos pitos).
Plaza de toros de Las Ventas. 3 de octubre. Tercer festejo de la Feria de Otoño. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
La polarización ha llegado a Las Ventas y la terna sufrió la indiferencia del público ante una corrida mansa, sosa y descastada de Victoriano del Río
Un amplio sector de la plaza de Las Ventas se erigió en tribunal supremo y se las hizo pasar canutas a Marco Pérez, el joven torero que confirmaba la alternativa. No solo le mostró una indiferencia absoluta hacia la encomiable disposición del torero, sino que manifestó de modo estentóreo su protesta durante la faena de muleta del toro que abrió plaza, al que tributó una muy inmerecida ovación cuando era arrastrado al desolladero, y no prestó atención alguna al valor sin cuento demostrado por Pérez ante el deslucido sexto.
Con toda seguridad, Marco Pérez ha pagado esta tarde la penitencia de haber sido hasta hoy un niño mimado del toreo al que le diseñaron una carrera de novillero entre algodones. De acuerdo, pero a un torero que viene a confirmar la alternativa en Madrid, gusten o no gusten sus formas, hay que tenerle respeto.
Pero, al parecer, la polarización ha llegado al toreo. Frente a la desinformación y el triunfalismo de una mayoría de espectadores, pretende imponerse la intransigencia de unos pocos en la falsa creencia de que el conocimiento es proporcional a la desmedida exigencia. No. No es eso. Hoy, Marco Pérez no ha merecido el trato recibido.
Un señor toro, de bella estampa y astifinos pitones le tocó para la confirmación. El matador se lució, primero, en un ceñido quite por chicuelinas, y tras otro del mismo tenor de Emilio de Justo, le respondió Marco Pérez con unas navarras mezcladas con tafalleras.
Comenzó la faena de muleta por bajo con la pierna flexionada, y dibujó un muletazo largo y templado. Citó a continuación con la zurda y ya se escucharon los primeros pitos. Repitió después con dos circulares con la mano derecha, y continuó en otras tres tandas, dos de ellas con la derecha, desordenadas, carentes de hondura, entre las sonoras protestas de los intransigentes. Y cuando el soso y noble toro murió de una estocada que produjo derrame (una ovación lo acompañó en el arrastre), la división de opiniones se escuchó en la calle de Alcalá.
Con una larga cambiada de rodillas en el tercio recibió Marco Pérez al sexto, que acudió con presteza y empujó con los riñones al caballo que montaba Alberto Sandoval, que recibió la admiración del respetable.
Ese toro lanzaba tornillazos en el último tercio, de corto recorrido, sin clase alguna, y puso en varios aprietos a su matador; pero Marco Pérez no le perdió la cara en ningún momento. Por el contrario, se mostró valeroso, se jugó el tipo y ofreció una lección de vergüenza torera.
¿Y cómo es como torero? No es un exquisito, no es un artista; más bien parece un pegapases moderno, pero acaba de empezar y merece un respeto. Y Las Ventas, un sector de ella, no se comportó como corresponde a su contrastada categoría. No. La intransigencia es tan dañina como el desconocimiento.
Emilio de Justo y Víctor Hernández pasaron desapercibidos por el mal juego de sus toros (los de Victoriano del Río derrocharon sosería y mala casta, no exenta de nobleza) y también fueron víctimas de la moderna afición venteña.
El primero de De Justo se rajó a mitad de la faena de muleta y el torero salió del paso con una labor insulsa. Poco duró el ánimo del cuarto, con el que el torero no supo o no pudo levantar el vuelo. Su faena fue larga y tediosa.
Hernández sigue siendo la esperanza que despertó tras su alternativa. Se mantiene firme ante la adversidad, y trazó unos más que aceptables naturales en el inicio de faena a su primero, que soltaba la cara y enganchaba el engaño. Y muy soso fue el quinto, por lo que la labor del torero, sin gracia alguna, transcurrió entre la indiferencia de los tendidos.
Toros de Victoriano del Río, bien presentados, desiguales en varas, nobles y muy sosos. Solo el sexto empujó con fiereza en el caballo y permitió el lucimiento de Alberto Sandoval, que fue largamente aplaudido.
Emilio de Justo: estocada contraria -aviso- y un descabello (silencio); pinchazo y bajonazo (silencio).
Víctor Hernández: pinchazo, estoca atravesada que asoma por el costillar, casi entera -aviso- (silencio); estocada y tres descabellos (silencio).
Marco Pérez, que confirmó la alternativa: estocada (división de opiniones); pinchazo y estocada (silencio y algunos pitos).
Plaza de toros de Las Ventas. 3 de octubre. Tercer festejo de la Feria de Otoño. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).
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