El “Robert Capa suizo”, el fotógrafo que tomó desconocidas imágenes de niños en la Guerra Civil

Algunos sonríen, otros se cubren con raídas mantas hasta la cabeza, ateridos por el frío; unos comen junto a sus familias los alimentos proporcionados por organizaciones humanitarias, los hay que se aferran a sus pequeños juguetes, sus miradas no entienden por qué sus vidas se están derrumbando. Las desconocidas fotografías del reportero suizo Paul Senn han salido a la luz gracias a un libro que cuenta su vida y en el que se muestran las imágenes que tomó de los civiles que padecieron las consecuencias del conflicto en el lado republicano en diferentes episodios. Con un estilo sin tremendismo, sin hurgar en la miseria, Senn muestra la evacuación de menores desde el Madrid asediado por las tropas de Franco, hospitales militares, las casas de refugio puestas en marcha por el Gobierno republicano y, finalmente, el paso de la frontera francesa al exilio.

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 Un libro saca a la luz el trabajo del reportero helvético Paul Senn, que mostró con dignidad y sin tremendismo a los civiles de la retaguardia republicana que sufrieron el conflicto  

Algunos sonríen, otros se cubren con raídas mantas hasta la cabeza, ateridos por el frío; unos comen junto a sus familias los alimentos proporcionados por organizaciones humanitarias, los hay que se aferran a sus pequeños juguetes, sus miradas no entienden por qué sus vidas se están derrumbando. Las desconocidas fotografías del reportero suizo Paul Senn han salido a la luz gracias a un libro que cuenta su vida y en el que se muestran las imágenes que tomó de los civiles que padecieron las consecuencias del conflicto en el lado republicano en diferentes episodios. Con un estilo sin tremendismo, sin hurgar en la miseria, Senn muestra la evacuación de menores desde el Madrid asediado por las tropas de Franco, hospitales militares, las casas de refugio puestas en marcha por el Gobierno republicano y, finalmente, el paso de la frontera francesa al exilio.

Paul Senn. Un fotógrafo suizo en la Guerra de España está editado por la Fundación Manuel Fernández, ‘Lito’ —promovida por el sindicato UGT—, junto a la Diputación Provincial de Jaén y la Universidad Rey Juan Carlos (Móstoles, Comunidad de Madrid). En este fotolibro se explica que “el Robert Capa suizo”, como es calificado por su sensibilidad para captar las miradas y gestos de los que sufrían, estuvo presente con su cámara durante los años treinta y cuarenta del pasado siglo en varias guerras. En el caso de la española, como subrayan los autores del volumen, Michel Lefebvre y Markus Schürpf, dejó un legado documental en el que, “lejos de buscar la épica del combate o el efectismo, retrató España desde lo humano”. En esto fue clave su mirada, la posición en la que situaba su cámara, habitualmente por debajo del rostro del retratado para realzarlo.

Paul Senn nació en 1901 en la comuna suiza (municipio) de Rothrist. Desde niño mostró su interés y vocación por las artes. De ahí que con solo 16 años dejara el hogar familiar para trabajar en un taller de litografía en Berna. Vivió en varias ciudades suizas y de otros países europeos, incluida Barcelona, y publicó sus primeras fotografías en 1924. De esa etapa se conservan únicamente las que tomó de campos de batalla de la I Guerra Mundial. Tras abrir su estudio de diseño y publicidad en la capital de su país, empezó a colaborar en revistas ilustradas y se consolida como fotógrafo.

Con la Guerra Civil, Penn acompañó a los convoyes de la organización humanitaria Ayuda Suiza a los Niños de España. El fotorreportero también se desplazó a finales de enero de 1939 para retratar el dramático paso de la frontera francesa por Le Perthus para miles de españoles. El mundo no le daba un respiro y a continuación fotografió en Francia el éxodo de ciudadanos por la guerra mundial, los campos de refugiados y las ciudades destruidas.

En sus últimos años pudo cambiar de registro y recorrió, entre otros países, buena parte de Estados Unidos en busca de las comunidades de suizos que habían emigrado. Falleció de un cáncer de hígado en 1953, cuyo diagnóstico había ocultado hasta que se hizo evidente. Uno de los obituarios que se publicaron en la prensa lo definía como un fotoperiodista “de corazón cálido y bondadoso, un luchador siempre al lado de los débiles y los oprimidos”.

Tras su fallecimiento, gracias a su pareja, Ida Marti —a la que conoció en los últimos años de su vida, Senn había sido un seductor, pero sin deseos de compromiso—, su obra fue donada y hoy se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Berna. Son unos 100.000 documentos, entre negativos, diapositivas, copias en papel…

Markus Schürpf, archivero del fondo documental sobre Senn en Berna, apunta, no obstante, que muchos datos de la biografía del fotógrafo, al que sitúa ideológicamente en la socialdemocracia, “son inexactos o contradictorios”. “Además, no dejó un diario ni apenas notas personales escritas”. Schürpf lamenta que Senn “haya sido injustamente olvidado por la historia de la fotografía internacional”. En Suiza sí es conocido porque sus fotos se publicaron en numerosos periódicos y revistas.

El periodista e investigador Michel Lefebvre destaca que Senn fue “un reportero humanitario”, que en Suiza, desde el principio de su corta carrera, publicó trabajos que escandalizaron porque mostraban a “niños abandonados o acogidos en centros y campesinos que vivían en condiciones indignas”.

Lefebvre, comisario junto a Schürpf de la exposición que mostró las fotos de Senn en Jaén hace unos meses, subraya en su texto del libro que el suizo “sentía atracción por España”, donde estuvo en varias ocasiones en los años treinta: Andalucía, Madrid, Barcelona o Valencia.

En 1937, la publicación Zürcher Illustrierte lo envió a España para documentar una operación de socorro impulsada por este medio junto a la organización Ayuda Suiza a los Niños de España, creada en marzo de ese año. Eran cuatro camiones cargados de comida y ropa que viajaron de Berna a Valencia. Después, la expedición realizó repetidamente el trayecto Valencia-Madrid: a la ida llevaba alimentos (arroz, harina, frutas, patatas…), a la vuelta, mujeres y niños evacuados de la capital. En algunas imágenes se ve a esos pequeños enflaquecidos por la desnutrición.

Para entender esta ayuda humanitaria, Lefebvre explica que, durante la Guerra Civil, Suiza “adoptó una política de neutralidad, pero en realidad tomó partido por la rebelión”. “Esto provocó revuelo en el país, por lo que el Gobierno decidió tomar algunas medidas de contrapeso”, como la creación del organismo de asistencia a los pequeños españoles.

El último reportaje de Senn en España fue uno de los más terribles de su trayectoria: el del paso de la frontera por Le Perthus, adonde habían acudido docenas de fotoperiodistas. Las imágenes de Senn son de hombres, mujeres, ancianos y niños que intentan combatir el crudo invierno abrigados con mantas mientras cargan con sus enseres y maletas a pie por la carretera o monte a través.

El fotógrafo regresaría al sur de Francia en 1942, en plena II Guerra Mundial, para dar testimonio de las durísimas condiciones de vida en campos de internamiento como el de Rivesaltes. Lefebrve agrega que esos campos estaban “poblados por españoles, judíos, gitanos y extranjeros indeseables” para el régimen colaboracionista de Vichy. Sus últimas fotografías de guerra las hizo en el verano de 1944 para dejar constancia de horrores como la fosa común de la matanza perpetrada por los nazis contra civiles y resistentes franceses en el aeropuerto de Lyon poco antes de la liberación de la ciudad. Senn volvió a España varias veces durante esos años, pero ya sin dejar testimonio gráfico del país que tanto amaba y al que, recuerda Schürpf, consideraba “su segunda patria”.

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