El Gobierno indulta a Natalio Grueso, exdirector del Centro Niemeyer que se fugó a Portugal, “por su estado de salud”

Natalio Grueso, el otrora brillante gestor cultural que puso en marcha el Centro Niemeyer, en Avilés (Asturias), en 2011, cuenta las horas hasta que salga de la prisión de Aranjuez (Comunidad de Madrid), en la que está desde el pasado diciembre. Grueso fue indultado ayer, martes, por el Gobierno debido a su “estado de salud”, informó el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Con 56 años, está cumpliendo una condena de ocho años de prisión por su gestión al frente del Niemeyer: cinco años por malversación de caudales públicos y falsedad en documento mercantil y tres por un delito societario, según la sentencia de la Audiencia Provincial de Asturias del 25 de junio de 2020, ratificada en abril de 2023 por el Tribunal Supremo.

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 El gestor cultural había huido de España tras ratificar el Tribunal Supremo en 2023 la condena de ocho años de cárcel por su gestión al frente del conocido espacio cultural de Avilés  

Natalio Grueso, el otrora brillante gestor cultural que puso en marcha el Centro Niemeyer, en Avilés (Asturias), en 2011, cuenta las horas hasta que salga de la prisión de Aranjuez (Comunidad de Madrid), en la que está desde el pasado diciembre. Grueso fue indultado ayer, martes, por el Gobierno debido a su “estado de salud”, informó el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Con 56 años, está cumpliendo una condena de ocho años de prisión por su gestión al frente del Niemeyer: cinco años por malversación de caudales públicos y falsedad en documento mercantil y tres por un delito societario, según la sentencia de la Audiencia Provincial de Asturias del 25 de junio de 2020, ratificada en abril de 2023 por el Tribunal Supremo.

También fue condenado a ocho años de inhabilitación para contratar con la Administración y a una multa, ambos aspectos no incluidos en el indulto. Una fuente cercana a Grueso ha informado a este periódico de que aún no se sabe en qué fecha saldrá de prisión, pero que se espera no se demore muchos días.

Grueso fue detenido el pasado diciembre en el Algarve (Portugal), en la pequeña isla de la Culatra, al sur del país, cuando estaba sentado en una cafetería, contaron entonces fuentes de la investigación, desarrollada por la Guardia Civil.

Su caso nace de unas facturas no justificadas, según la sentencia, cuando dirigía la Fundación Niemeyer, entre 2006 y 2011, por una cuantía de 78.819 euros, un dinero que devolvió posteriormente. Los magistrados consideraron que en su mandato viajó con su esposa por España y el extranjero a costa del Niemeyer, manipulando facturas para encubrir que ella carecía de vinculación laboral con el centro. Sin embargo, no quedó acreditado que se hubiera quedado con dinero alguno. Grueso, que fue el primer director del Centro Niemeyer, desde que este se inauguró en marzo de 2011, hasta 2012.

Grueso se fugó de España cuando debía ingresar en prisión en 2023, tras ratificar el Supremo su sentencia de cárcel. Después, la Audiencia Provincial de Oviedo dictó orden internacional de detención al no localizarlo. Las investigaciones llevaron finalmente a su detención en el Algarve e ingresó en la prisión de Aranjuez (Comunidad de Madrid) en diciembre pasado.

La decisión adoptada por el Consejo de Ministros ha tenido en cuenta la solicitud de indulto presentada en 2023 por su familia y que contaba con el respaldo de “numerosos artistas y personas del sector audiovisual”, señala el ministerio. Entre los firmantes, los cineastas Woody Allen y Carlos Saura (ya fallecido), los cantantes Víctor Manuel, Ana Belén, Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat y Javier Gurruchaga, los actores Juan Echanove, Eulàlia Ramon, Aitana Sánchez-Gijón y Cayetana Guillén Cuervo, el escritor Luisgé Martín o el exministro de Trabajo Manuel Pimentel, editor de algunos de la decena de libros publicados por Grueso. Según el ministerio, el indulto obedece a “motivos humanitarios relacionados con su estado de salud”.

Tras conocerse la noticia, la familia de Grueso y los firmantes de la petición de indulto han publicado un comunicado en el que han manifestado su “alivio y esperanza” debido a “su delicada situación, motivada por la enfermedad que padece y que ha empeorado seriamente durante sus últimos meses en prisión”. “En momentos así, la humanidad y la protección de la vida y de la dignidad de las personas deben ocupar un lugar esencial”, añaden.

“Ha sido un largo y doloroso proceso, que se ha extendido durante más de 15 años. Natalio ha hecho frente íntegramente a todas sus responsabilidades económicas y ha desarrollado una extensa trayectoria de creación y promoción de la cultura, tanto en España como en el ámbito internacional”, han subrayado sus familiares, para quienes, ahora, “Natalio podrá afrontar su situación acompañado por sus seres queridos y en las condiciones de cuidado más adecuadas”.

La historia de Grueso es como un guion de esas películas que tantas veces se han visto, pero siguen atrayendo. El auge y caída en apenas unos años de un exitoso gestor cultural que consiguió que un genio de la arquitectura como el brasileño Oscar Niemeyer diseñara un centro cultural para la ría de Avilés. O poseer una agenda con los contactos de estrellas que incluía su amistad con Woody Allen. De esas mieles pasó a las acusaciones por su gestión, a un juicio que él mismo no llegaba a tomar en serio porque pensaba que quedaría en nada (a veces, con cierta soberbia, leía una novela mientras transcurrían las sesiones) y a una condena que abrió un agujero negro en su vida.

Desde entonces, Grueso padeció lo que había escrito premonitoriamente al comienzo de su novela de debut, La soledad (2014): “No hay nadie que sepa más de la soledad que yo”. Un libro elogiado por el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa —del que ha adaptado algunas de sus obras al teatro— y por el superventas Paulo Coelho.

Pero la gran obra de Grueso, el Niemeyer, no tuvo una planificación fácil. Una fuente cercana al gestor cultural recuerda que este viajaba con frecuencia a Río de Janeiro para limar las diferencias que había entre el equipo de arquitectos de Niemeyer y la empresa constructora. En su gestión logró hitos que dejaron boquiabierto al mundo cultural español. Así, consiguió que antes de la inauguración actuasen en Avilés Paco de Lucía, Enrique Morente, la soprano Barbara Hendricks y se representase el Ricardo III, de Shakespeare,que había montado el actor estadounidense Kevin Spacey. También llevó a figuras como los actores Omar Sharif y Brad Pitt, el director británico de cine Sam Mendes, la escritora marroquí Fatima Mernissi y el preestreno de la película Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen.

Natural de Moreda, un pueblo de la cuenca minera asturiana, de extracción humilde y hablar calmo, Grueso estudió Derecho y trabajó en organismos internacionales (la ONU, en Nueva York, y una consultora para la UE, en Bruselas), gracias a su dominio de varios idiomas.

Fichado por la Fundación Príncipe de Asturias a principios de los dos mil; en 2005, cuando se cumplían 25 años de los galardones que concede esta institución, se le encomendó que recorriera el mundo visitando a personalidades que habían sido distinguidas para que colaboraran en la celebración. Fue así como, en Río de Janeiro, contactó con Oscar Niemeyer, quien cedió gratuitamente el proyecto del que sería su única obra en España, el Centro Niemeyer, para la tercera ciudad asturiana. Avilés, hoy con 76.000 habitantes, tiene un pasado teñido por la gran contaminación que sufría debido a la planta siderúrgica ubicada donde hoy está el complejo cultural de hormigón blanco y curvilíneo.

Sin embargo, el sueño duró muy poco. Dos meses después de la inauguración, ganó las elecciones autonómicas en Asturias el partido regionalista Foro Asturias, comandado por Francisco Álvarez-Cascos, ex vicepresidente segundo del Gobierno con José María Aznar, del PP. El director del Niemeyer había sido aupado por el gran rival político en Asturias de Álvarez-Cascos, el socialista Vicente Álvarez Areces. En una reunión del Patronato del Niemeyer se revisaron las cuentas del año anterior y se comprobó que había «un presupuesto importante en viajes” sin justificar, como se filtró a la prensa. Fue el principio del fin de Grueso. El nuevo gobierno regional ordenó la devolución de las subvenciones concedidas, una estocada que dejó al centro sin dinero, ni opciones de maniobrar. Grueso deja la dirección, que pasa a unos gestores hasta el nombramiento de Carlos Cuadros como nuevo director general del Niemeyer en septiembre de 2014.

Grueso reapareció en Madrid como fichaje estrella del Ayuntamiento, en manos del PP, con Ana Botella como alcaldesa, para llevar la programación de los teatros municipales, labor que desempeña durante dos años para después dedicarse a la literatura.

Cuando se acerca la vista oral por el caso Niemeyer, Grueso es detenido y pasa 40 días en la cárcel, que tienen un gran perjuicio en su salud. Tras un juicio en el que su entorno consideró que se había equivocado de estrategia, llegó la condena en 2020, que ratificó el Supremo tres años después, y la posterior huida hasta su detención en Portugal el pasado diciembre.

Ocho meses después de entrar en la cárcel, Grueso volverá a pisar la calle, con serios problemas de salud y el recuerdo de su exitosa y truncada carrera. Al menos, la soledad de la que hablaba en su primer libro será ahora, como escribía al final de esta obra, “más llevadera en buena compañía”.

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