Un dandi con el partido del pueblo
Imagino al poeta Juan Gil-Albert con zapatos de dos tonos, blanco y café, vestido con una guayabera de lino y sentado en un sillón de mimbre bajo un magnolio de balneario, frente a un refresco de granadina. Este poeta de la Generación del 27 era vástago de un rico industrial alcoyano. Su primer recuerdo de niño fue, a principios del siglo pasado, aquella nube de polvo gris que producía el Hispano Suiza descapotable familiar en el viaje de Alcoy a Alicante a tomar los baños. Gil-Albert iba vestido de marinerito, el conductor usaba guardapolvo y anteojos de buzo y, a…
