El MNAC reclama a Aragón información sobre la reubicación de las pinturas de Sijena para permitir la devolución

Sala del MNAC en la que se exhiben los frescos de Sijena, el pasado 18 de mayo.

El calendario apremia a la dirección del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) en el avance de los trabajos para devolver al Monasterio de Sijena los murales románicos rescatados en plena Guerra Civil. Quedan 45 semanas para que finalice el plazo fijado por mandato judicial y una de las tareas que tocaba ahora era elaborar una evaluación de riesgos para pormenorizar los peligros que entraña la operación. Ese informe está preparado y se ha remitido al Juzgado de Huesca que se encarga de la ejecución de la sentencia. Sus conclusiones van en la línea de la oposición mostrada anteriormente del centro expositivo al traslado: una “extraordinaria complejidad técnica” que incapacita al museo. Sus técnicos consideran que las dos primeras fases de toda la operación, la de acondicionamiento de la sala donde están ubicados hoy los plafones y la de fragmentación y desmontaje de las pinturas, son de “riesgo crítico”. O, en otras palabras: “inasumible/inaceptable con los conocimientos actuales” por una alta probabilidad de pérdidas graves en la joya del románico.

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 El museo elabora un informe que evalúa los riesgos del traslado, que considera “inasumibles”, y pide al juzgado parar los plazos de la restitución por falta de datos para completarla  

Pinturas de Sijena

El museo elabora un informe que evalúa los riesgos del traslado, que considera “inasumibles”, y pide al juzgado parar los plazos de la restitución por falta de datos para completarla

Sala del MNAC en la que se exhiben los frescos de Sijena, el pasado 18 de mayo.Massimiliano Minocri
Dani Cordero

El calendario apremia a la dirección del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) en el avance de los trabajos para devolver al Monasterio de Sijena los murales románicos rescatados en plena Guerra Civil. Quedan 45 semanas para que finalice el plazo fijado por mandato judicial y una de las tareas que tocaba ahora era elaborar una evaluación de riesgos para pormenorizar los peligros que entraña la operación. Ese informe está preparado y se ha remitido al Juzgado de Huesca que se encarga de la ejecución de la sentencia. Sus conclusiones van en la línea de la oposición mostrada anteriormente del centro expositivo al traslado: una “extraordinaria complejidad técnica” que incapacita al museo. Sus técnicos consideran que las dos primeras fases de toda la operación, la de acondicionamiento de la sala donde están ubicados hoy los plafones y la de fragmentación y desmontaje de las pinturas, son de “riesgo crítico”. O, en otras palabras: “inasumible/inaceptable con los conocimientos actuales” por una alta probabilidad de pérdidas graves en la joya del románico.

Lo cierto es que el documento no está del todo acabado: los técnicos del MNAC han dejado sin cumplimentar dos de las seis fases de todo el proceso, las últimas, que se refieren al montaje en su futuro destino porque el Gobierno aragonés no ha aportado detalles sobre la ubicación definitiva. El documento señala que esa “evaluación incompleta”, al no tener información sobre el lugar donde se reinstalará la obra y sus condiciones ambientales, “puede incrementar considerablemente el riesgo de deterioro” de unas pinturas ya muy frágiles. Asimismo, la incertidumbre sobre el tiempo en que estarán cerradas las pinturas en las cajas de conservación y transporte dificulta la elección del tipo de adhesivo que se utilice para fijar toda la capa pictórica, que es esencial para no perjudicar más su estado de salud. “El impacto de las intervenciones de fijación y de una posible protección temporal es relevante porque tiene un gran alcance y puede afectar a la estabilidad del conjunto a largo plazo”, alerta el análisis.

A causa de esa falta de documentación, el museo ha solicitado al juzgado que detenga el reloj del cronograma que aprobó (de un año y un mes de tiempo) y no lo vuelva a poner en marcha hasta que el Gobierno aragonés le dé la información necesaria para concluir los trabajos. Asimismo, en un escrito presentado en el juzgado, el MNAC solicita que el Instituto del Patrimonio Cultural Español (IPCE, dependiente del Ministerio de Cultura) y el Centro Internacional de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM) sean quienes determinen cuál es el periodo temporal necesario para poder efectuar una revisión de riesgos en condiciones, que debería ser revisada por un comité de expertos tanto españoles como internacionales.

La situación actual de las pinturas es compleja por el tiempo que hace que fueron arrancadas a través de la técnica del strappo, por la urgencia con la que tuvieron que ser rescatadas del Monasterio de Santa María de Sijena y por el daño que sufrieron durante el incendio que asoló la sala capitular del cenobio en 1936, hasta entonces muestra de la mejor pintura mural del siglo XII.

Un análisis detallado ha permitido detectar “735 levantamientos dinámicos”, los que adquieren movimiento bajo presión, y 146 “estáticos”, puntos críticos que amenazan con desprendimientos en caso de “vibraciones u otras fuerzas físicas”. Las telas sobre las que están enganchadas las pinturas han sufrido “una pérdida drástica de su resistencia mecánica”, lo que hace pensar que no resistirían si se retiraran los soportes de madera que aguantan las pinturas, una maniobra necesaria si se quieren reubicar en la sala capitular de los Monegros. Y el informe insiste también en el riesgo de alterar las condiciones ambientales y de radiación ultravioleta en las que ahora vive la obra, ya que puede generar “reactividad química y microbiológica” que también acabe diezmando el conjunto.

Así, los expertos consideran que los mayores riesgos se encuentran en todos los trabajos con los que se puedan producir golpes y vibraciones, desde la adecuación de la sala a la manipulación directa poniendo a prueba la fatiga de los materiales y provocando desprendimientos de los denominados “levantamientos” existentes, además de la posibilidad de que aparezcan nuevos levantamientos en puntos críticos y microfisuras. Incluso hay dudas de que los trabajos que se tengan que hacer en la sala 16 donde hoy se exhiben alteren las condiciones de temperatura, humedad y contaminación y estropeen los antiguos frescos antes de iniciar su mudanza a Aragón.

En la primera fase de toda la oeprativa se tendrían que realizar intervenciones para asegurar los levantamientos detectados para minimizar el riesgo de caída y en la segunda se prevé el corte de los estucos para facilitar su transporte, pero también el desatornillado y serrado de clavos para permitir el descolgado de los plafones. En ambos procesos, el informe señala que se tendrían que realizar ensayos previos para ver cómo evoluciona el conjunto. Uno de los problemas de esos ensayos, argumentan, es la “falta de tiempo para desarrollar las actuaciones” a causa del cronograma judicial, que en total se prolonga durante un año y un mes, de ahí que pidan más tiempo bajo el amparo de expertos nacionales e internacionales.

El informe destaca que las pinturas son un “testimonio material” de las acciones de conservación del patrimonio artístico durante la Guerra Civil y que se tiene en cuenta como “una actuación ejemplar de conservación en situación de conflicto bélico”. También destaca el trabajo realizado por Gudiol en las reintegraciones para poder entender en su conjunto la joya del románico aragonés.

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