
La necrópolis de El Toro se encuentra en el término municipal de Alcubillas (Ciudad Real), justo donde confluyen el río Jabalón, afluente del Guadiana, y el arroyo Origón. En época romana, esta zona formaba parte de Oretania, uno de los pueblos que ocupaban el centro peninsular hace más de dos milenios. La necrópolis se extendía unos 8.000 metros cuadrados. Entre 2016 y 2017, se localizaron doce enterramientos, todos poco profundos, y en cuyo interior se hallaron cinco urnas cerámicas. Una de ellas, como señala el estudio Paralelismos mediterráneos de un escarabajo egipcio de psamita procedente de la necrópolis de El Toro (Alcubillas, Ciudad Real, España), firmado por el profesor Luis Benítez de Lugo y otros 11 especialistas, guardaba un espectacular objeto: un escarabajo egipcio de color azul y, posiblemente, fabricado en Menfis (Egipto). ¿Cómo llegó a Ciudad Real un amuleto realizado a orillas del Nilo?

Los expertos creen que el escarabajo fue creado en Menfis y transportado por los fenicios hasta el centro peninsular en el siglo VII a. C.
La necrópolis de El Toro se encuentra en el término municipal de Alcubillas (Ciudad Real), justo donde confluyen el río Jabalón, afluente del Guadiana, y el arroyo Origón. En época romana, esta zona formaba parte de Oretania, uno de los pueblos que ocupaban el centro peninsular hace más de dos milenios. La necrópolis se extendía unos 8.000 metros cuadrados. Entre 2016 y 2017, se localizaron doce enterramientos, todos poco profundos, y en cuyo interior se hallaron cinco urnas cerámicas. Una de ellas, como señala el estudio Paralelismos mediterráneos de un escarabajo egipcio de psamita procedente de la necrópolis de El Toro (Alcubillas, Ciudad Real, España), firmado por el profesor Luis Benítez de Lugo y otros 11 especialistas, guardaba un espectacular objeto: un escarabajo egipcio de color azul y, posiblemente, fabricado en Menfis (Egipto). ¿Cómo llegó a Ciudad Real un amuleto realizado a orillas del Nilo?
En la llamada tumba 5 de la necrópolis, los arqueólogos de la Universidad Complutense de Madrid, la consultora Oppida, las universidades Autónoma de Madrid, Pontificia de Comillas y el Consejo Superior de Investigaciones CientÌficas localizaron tres urnas. En una de ellas, se descubrió el escarabajo de cerámica silícea, además de algunos huesos humanos, carbón, dos cuentas de pasta vítrea y dos placas de cobre. Los restos humanos correspondían a una mujer joven adulta que sufrió un proceso de combustión “uniforme y a alta temperatura“.
El escarabajo tenía una inscripción en la base de caracteres jeroglíficos. Es de color azul turquesa y fue “fabricado en fayenza blanquecina con un esmalte azul claro en el exterior”. Sus dimensiones son muy reducidas: 1,5 cm de largo 1,15 cm de ancho. Pesa 1,26 gramos y fue fabricado con un molde.
Estos objetos se consideraban bienes de prestigio y denotaban una elevada posición social. Durante la vida, servían como símbolos de estatus. Es difícil, dicen los arqueólogos en este artículo publicado ahora en la revista Journal of Egyptian Archaeology, afirmar si también habrían tenido un significado protector tanto en la vida como en el Más Allá debido a la falta de pruebas tangibles. Algunos autores consideran esa posilibilidad basándose en escarabajos con iconografía de los dioses Isis y Horus.
En cuanto a la cremación de la mujer de El Toro, el informe señala que “podría entenderse como un rito de purificación en el que el fuego consumía la impureza y, al mismo tiempo, se purificaba la memoria del difunto”. En este sentido, es razonable suponer que el cadáver fuera previamente envuelto en un sudario y tal vez adornado con ornamentos y objetos protectores. Es casi seguro que estos objetos se deterioraron en la pira, mientras el cuerpo era consumido por el fuego.

Los cinco caracteres que se leen en su base responden a los grafemas p-s-m-T-k, que se corresponden con el antropónimo Psamtek. “Este nombre propio, conocido por los grecorromanos como Psammetichus o Psamenitus, para el que se ha sugerido un origen libio, es un nombre propio nuevo en la onomástica egipcia, tanto en el ámbito real como en el privado. Se utilizó como componente de la titulatura de tres monarcas de la XXVI dinastía, surgida de los gobernadores de la ciudad de Sais. Se trata de los faraones Psamtek I (664–610 a. C.), Psamtek II (595–589 a. C.) y Psamtek III (526–525 a. C.)”.
El posible significado de este antropónimo sigue siendo dudoso, pero una de las teorías planteadas es que signifique “el hombre/vendedor de vino mezclado”. Los expertos creen que el escarabeo se puede datar “entre la segunda mitad del siglo VII y mediados del siglo VI a. C., un periodo comprendido entre los reinados de Psamtek I y Psamtek II (664–589 a. C.). Sería posible añadir el margen estimado de una generación, unos 25 años, durante la cual se podría haber mantenido la memoria de estos reyes”.

Otro problema que hay que tener en cuenta es cuándo llegó este amuleto a la penísula Ibérica y terminó en un enterramiento de una necrópolis de la actual Ciudad Real. Los expertos piensan que, según sus características, “pudo haber sido fabricado en un taller en Naucratis o en la zona de Menfis, de donde podrían proceder la mayoría de los [dieciséis] ejemplares mediterráneos [conocidos con la inspcripción p-s-m-T-k], en su mayoría hallados en asentamientos fenicio-púnicos, lo que apunta a su distribución por intermediarios de esta esfera cultural”.
Los arqueólogos recuerdan que el ejemplar de El Toro es prácticamente igual a uno hallado en Khirbet el-Maqatir (Israel); pero también con otras piezas de Cartago, Cerdeña o la Cueva de Gorham (Gibraltar).
Por lo tanto, terminan: “El escarabajo podría haber sido objeto de comercio o intercambio entre los residentes de los asentamientos mediterráneos fenicio-púnicos y la población autóctona peninsular, aunque no podemos documentar cuánto tiempo transcurrió hasta su deposición en el ajuar funerario de la Tumba 5”.
Benítez de Lugo, profesor de Prehistoria en la Universidad Complutense de Madrid y que dirige las investigaciones en la necrópolis de El Toro, concluye en conversación con EL PAÍS: “Es excepcional el hecho de encontrar un escarabeo en un contexto arqueológico cerrado. Habitualmente se localizan movidos de su contexto arqueológico inicial, lo que dificulta su completa comprensión. Una mujer era la portadora de este amuleto. Para todo lo que tiene que ver con caracterizar a las mujeres oretanas, este hallazgo es muy relevante”.
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