
Hay edificios sin los que el rostro de una ciudad cambia, deja de ser distinguible. El antiguo Banco Santander del paseo de Pereda es uno de esos: su arco constituye una de las estampas más reconocibles de la capital cántabra y, hoy, convertido el inmueble en museo y centro de creación contemporánea, lo que busca es extender una invitación a quien por allí asome: “¡Hola, Soy Faro Santander!”. Porque, del otro lado del umbral, comienza una experiencia diferente: aguarda un recorrido único por cinco siglos de arte, de Tiziano o El Greco a Frida Kahlo, de Rubens o Velázquez a Leonora Carrington o Juan Uslé, además de un espacio donde lo más innovador de la cultura y la tecnología encuentran su sitio.



Un mes después de su apertura, Faro Santander reúne cinco siglos de arte, tecnología, educación y participación en un edificio que quiere volver a “colocar Cantabria como un territorio cultural de referencia global”
Hay edificios sin los que el rostro de una ciudad cambia, deja de ser distinguible. El antiguo Banco Santander del paseo de Pereda es uno de esos: su arco constituye una de las estampas más reconocibles de la capital cántabra y, hoy, convertido el inmueble en museo y centro de creación contemporánea, lo que busca es extender una invitación a quien por allí asome: “¡Hola, Soy Faro Santander!”. Porque, del otro lado del umbral, comienza una experiencia diferente: aguarda un recorrido único por cinco siglos de arte, de Tiziano o El Greco a Frida Kahlo, de Rubens o Velázquez a Leonora Carrington o Juan Uslé, además de un espacio donde lo más innovador de la cultura y la tecnología encuentran su sitio.
Ese es el punto de partido de Faro Santander: “Queremos que sea un lugar que no solo se visite, sino que se viva”, explica su director, Daniel Vega Pérez de Arlucea. Un mes después de su inauguración, el edificio, en esta nueva vida suya diseñada por el arquitecto David Chipperfield, se presenta como algo más que una nueva sede para acoger una (nutrida y excelente) colección de arte. Es un proyecto que reúne exposiciones permanentes y temporales, tecnología, educación, participación ciudadana y una programación pensada para generar conversación y convertir la cultura en una experiencia cotidiana. “La intención es que la gente quiera volver para escuchar música, asistir a una charla o simplemente para venir en familia o encontrarse aquí con amigos”.
La transformación empieza por el propio edificio. El antiguo inmueble de Banco Santander ha sido completamente remodelado y su característico arco se ha convertido en uno de los elementos centrales del proyecto. La intervención de Chipperfield lo acristala y lo convierte en un espacio de conexión entre el edificio y la ciudad. Desde él, las vistas de Santander y la bahía se convierten casi en una pieza de arte más del propio museo.
Dentro, los casi 10.000 metros cuadrados de superficie útil incluyen cerca de 3.000 destinados a exposiciones. Pero el recorrido no está planteado como una sucesión de salas independientes. La propuesta de Faro se articula en cuatro grandes líneas —Arte y Tecnología, Educación y Mediación, Proyectos Participativos y Programas Públicos— que buscan cruzarse constantemente.
Es una manera de entender un centro cultural que también cambia el papel del visitante. Una exposición puede desembocar en una conversación, un taller familiar, una performance o una experiencia tecnológica. Una obra histórica puede convertirse en el punto de partida para una nueva interpretación. “Queremos que el visitante deje de ser únicamente espectador”, resume Vega.

Cinco siglos en un paseo
Una de las grandes novedades de Faro es que una parte sustancial de la Colección Banco Santander sale de su anterior contexto y se presenta al público de una manera nueva. Son más de 160 años de coleccionismo reunidos en un patrimonio artístico que, pese a su dimensión, continúa siendo desconocido para buena parte del público.
La exposición inaugural, Obras Maestras de la Colección Banco Santander, ocupa una planta completa y recorre casi cinco siglos de historia del arte. Tiziano, El Greco, Rubens, Velázquez, Goya, Sorolla, Miró, Tàpies, Soledad Sevilla o Juan Uslé aparecen reunidos en un relato organizado en torno a cuatro grandes temas: historias sagradas; lugares y paisajes; bodegones y naturalezas muertas; y retratos, tipos y figuras.
La intención no es presentar una colección cerrada. La exposición quiere demostrar que una colección permanece viva cuando se la vuelve a mirar y se formulan nuevas preguntas. De ahí que las futuras presentaciones puedan cambiar las obras, las relaciones entre ellas y las perspectivas desde las que contemplarlas.

En otra de las plantas, México Moderno en la Colección Gelman Santander permite acercarse a una de las grandes tradiciones artísticas del siglo XX mexicano. Cerca de un centenar de piezas reúnen nombres como Frida Kahlo, Diego Rivera, María Izquierdo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros o Gunther Gerzso, además de un importante fondo fotográfico.
Y hay una tercera historia que conecta de forma especialmente directa el edificio con Santander. Es la de Leonora Carrington. El surrealismo sintomático: Leonora Carrington recupera el periodo que la artista pasó en la ciudad en 1940 y presenta Villa Pilar y Down Below, dos obras vinculadas a aquel momento, junto con dibujos y documentos. Villa Pilar, creada en Santander, que permaneció oculta durante décadas, ha sido recuperada a través del trabajo de investigación del equipo de Faro.
Son tres maneras de entrar en Faro: a través de la historia del arte, de una cultura al otro lado del Atlántico o de un episodio concreto de la historia de la ciudad. Pero no son las únicas.
En este museo sí se puede tocar
Su director insiste en una idea vertebral para el proyecto: participación. Faro no quiere reservar la experiencia artística a quien ya está familiarizado con los museos. “Nuestra intención es hacer que todo el mundo se sienta bienvenido”, señala Vega.

Por eso, junto a las galerías, aparecen espacios concebidos desde otros lenguajes. Cubo explora la relación entre creación y tecnología y ocupa dos plantas con una instalación inmersiva que combina proyección 360º y una piel LED exterior de casi 400 metros cuadrados. Su primera experiencia, Antes de Faro, propone un viaje audiovisual y de realidad virtual por la memoria del edificio, del banco y de la ciudad.
Llamita parte de una premisa diferente: jugar. Es un espacio de experimentación artística pensado para despertar curiosidad y creatividad a través del color, la construcción, la lectura, la observación y la experiencia directa. Aunque especialmente concebido para los niños, está abierto a todas las edades.
Y Marisma mira hacia fuera. Es el espacio destinado a proyectos artísticos vinculados a Cantabria y una de las formas en las que Faro quiere relacionarse con el ecosistema cultural que ya existe en el territorio. En su primera convocatoria de Ayudas a la Creación se han seleccionado cuatro proyectos. La idea es que el centro no funcione como una isla, sino como una pieza más de una red cultural formada por artistas, instituciones y agentes locales.

También habrá espacio para la conversación. Los Programas Públicos pretenden convertir Faro en un lugar de encuentro alrededor de los grandes debates contemporáneos a través del arte. Los Jueves de Faro ya forman parte de esa programación y próximamente se sumarán Los Especiales de Faro.
Una puerta permanente a la tierruca
Una nueva relación con su entorno: ese es el propósito fundamental de Faro. El edificio que durante décadas tuvo un carácter institucional y privado se convierte ahora en un espacio abierto: un lugar de encuentro para la ciudad: con una terraza que es una opción perfecta para disfrutar de la bahía. La escalera helicoidal recibe al visitante, lo envuelve. Y las vistas le devuelven a uno la mirada sobre la propia ciudad de Santander. “Me gustaría que las personas de Santander sintieran Faro como algo suyo”, reflexiona Vega. Aunque no todos verán lo mismo, ni a todos los participantes les suscitarán interés los mismos debates u obras, si espera que todos sientan una misma inquietud: “Curiosidad y ganas de volver”.
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