
El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, exigió este miércoles la detención de todos los líderes de los partidos árabes del país, en medio de denuncias sobre una supuesta financiación extranjera de las elecciones legislativas del pasado 27 de octubre.
El dirigente ultraderechista, líder de Otzma Yehudit y aliado del primer ministro Benjamin Netanyahu, también reclamó congelar inmediatamente la certificación de los resultados electorales y suspender el proceso de formación del próximo Gobierno.
La petición se produjo después de que el servicio de seguridad interior israelí, Shin Bet, comunicara al Comité Electoral Central la existencia de sospechas sobre posibles transferencias de dinero desde el extranjero destinadas a influir en los comicios.
Ben Gvir solicitó al director del Shin Bet, David Zini, actuar incluso sin autorización de la Fiscalía General y ordenar la detención de los dirigentes árabes para interrogarlos mientras se investigan las acusaciones.
«Las elecciones han sido robadas en Israel», afirmó el ministro, quien sostuvo que las autoridades deben investigar todas las sospechas antes de permitir que avance el proceso político.
Sin embargo, hasta ahora no se han presentado públicamente pruebas concluyentes que acrediten un fraude electoral generalizado ni responsabilidades penales de los dirigentes cuya detención exige Ben Gvir.
Autoridad electoral rechaza denuncias de fraude
La controversia estalló después de que el Comité Electoral Central concluyera su revisión de las reclamaciones presentadas contra el proceso electoral y determinara que no existían irregularidades capaces de comprometer la integridad de los resultados.
El organismo aprobó las cifras oficiales y dispuso su remisión al presidente Isaac Herzog, encargado de iniciar las consultas con las distintas fuerzas parlamentarias para determinar quién tiene mayores posibilidades de formar Gobierno.
Las sospechas investigadas por el Shin Bet apuntan a posibles operaciones de financiación desde países extranjeros y actores con intereses políticos contrarios a Israel. No obstante, el alcance de esas operaciones, la identidad de sus eventuales responsables y su impacto sobre la votación siguen sin establecerse.
La exigencia de detener colectivamente a los dirigentes árabes abre además un debate sobre las garantías judiciales, la representación política de la minoría árabe y los límites de las atribuciones de los organismos de seguridad.
Un Parlamento sin mayorías claras
Las elecciones del 27 de octubre dejaron un escenario especialmente complejo para la formación del próximo Ejecutivo.
El Likud de Netanyahu obtuvo 27 escaños, mientras que Yashar, encabezado por el exjefe militar Gadi Eisenkot, consiguió 21 representantes.
Pese a encabezar la votación, Netanyahu no logró garantizar una mayoría parlamentaria para su bloque, que necesita reunir al menos 61 de los 120 escaños de la Knéset.
Los partidos árabes, que en conjunto alcanzaron 19 representantes, se convirtieron así en actores relevantes para la construcción de una eventual mayoría alternativa.
Esta situación explica parte de la tensión política que rodea las denuncias de fraude, particularmente porque la participación de las fuerzas árabes podría resultar decisiva para impedir la continuidad de Netanyahu al frente del Gobierno.
El primer ministro ya había manifestado su rechazo a cualquier fórmula de gobernabilidad que dependiera de la Lista Árabe Unida (Raam) o de la Lista Conjunta, argumentando diferencias políticas y de seguridad.
En contraste, sectores de la oposición, entre ellos dirigentes de izquierda, han defendido la posibilidad de alcanzar acuerdos parlamentarios con las organizaciones que representan a la población árabe israelí.
Los resultados definitivos establecieron que el bloque favorable a Netanyahu reúne 53 escaños, frente a los 48 de la oposición encabezada por Eisenkot y los 19 de las formaciones árabes.
La participación electoral alcanzó el 77,9%, con más de 5,7 millones de votos emitidos, una de las cifras más elevadas de las últimas décadas.
Herzog recibe los resultados y aumenta la presión política
La crisis adquirió una nueva dimensión este miércoles, cuando el presidente Isaac Herzog recibió oficialmente los resultados electorales, ratificados por la autoridad competente.
Herzog advirtió sobre los riesgos de desacreditar el proceso democrático y cuestionó la retórica dirigida contra la comunidad árabe israelí.
Paralelamente, la fiscal general Gali Baharav-Miara rechazó las solicitudes para interrogar a dirigentes árabes sin antecedentes suficientes que justificaran esas medidas.
El conflicto también enfrenta a la Fiscalía con la dirección del Shin Bet, cuyo responsable ha solicitado ampliar las investigaciones sobre una eventual interferencia extranjera.
La nueva Knéset tiene previsto asumir sus funciones el 10 de noviembre, mientras continúan las negociaciones para formar una coalición de Gobierno.
La disputa ocurre en un momento especialmente delicado para Israel, marcado por las consecuencias de la guerra en Medio Oriente, las tensiones con Irán y las profundas divisiones internas sobre la continuidad de Netanyahu.
La posibilidad de que los partidos árabes desempeñen un papel decisivo en la formación del próximo Ejecutivo ha intensificado la confrontación entre los sectores ultranacionalistas y las fuerzas que buscan una alternativa política.
Por ahora, los resultados electorales mantienen su validez y las investigaciones sobre una eventual financiación extranjera siguen abiertas, sin que se haya demostrado que las presuntas operaciones hayan alterado la distribución de escaños.
La entrada Ben Gvir exige detener a líderes árabes y cuestiona elecciones en Israel se publicó primero en El Periodista.
El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, exigió este miércoles la detención de todos los líderes de los partidos árabes del país, en medio de denuncias sobre una supuesta financiación extranjera de las elecciones legislativas del pasado 27 de octubre. El dirigente ultraderechista, líder de Otzma Yehudit y aliado del primer ministro
La entrada Ben Gvir exige detener a líderes árabes y cuestiona elecciones en Israel se publicó primero en El Periodista.
El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir, exigió este miércoles la detención de todos los líderes de los partidos árabes del país, en medio de denuncias sobre una supuesta financiación extranjera de las elecciones legislativas del pasado 27 de octubre.
El dirigente ultraderechista, líder de Otzma Yehudit y aliado del primer ministro Benjamin Netanyahu, también reclamó congelar inmediatamente la certificación de los resultados electorales y suspender el proceso de formación del próximo Gobierno.
La petición se produjo después de que el servicio de seguridad interior israelí, Shin Bet, comunicara al Comité Electoral Central la existencia de sospechas sobre posibles transferencias de dinero desde el extranjero destinadas a influir en los comicios.
Ben Gvir solicitó al director del Shin Bet, David Zini, actuar incluso sin autorización de la Fiscalía General y ordenar la detención de los dirigentes árabes para interrogarlos mientras se investigan las acusaciones.
«Las elecciones han sido robadas en Israel», afirmó el ministro, quien sostuvo que las autoridades deben investigar todas las sospechas antes de permitir que avance el proceso político.
Sin embargo, hasta ahora no se han presentado públicamente pruebas concluyentes que acrediten un fraude electoral generalizado ni responsabilidades penales de los dirigentes cuya detención exige Ben Gvir.
Autoridad electoral rechaza denuncias de fraude
La controversia estalló después de que el Comité Electoral Central concluyera su revisión de las reclamaciones presentadas contra el proceso electoral y determinara que no existían irregularidades capaces de comprometer la integridad de los resultados.
El organismo aprobó las cifras oficiales y dispuso su remisión al presidente Isaac Herzog, encargado de iniciar las consultas con las distintas fuerzas parlamentarias para determinar quién tiene mayores posibilidades de formar Gobierno.
Las sospechas investigadas por el Shin Bet apuntan a posibles operaciones de financiación desde países extranjeros y actores con intereses políticos contrarios a Israel. No obstante, el alcance de esas operaciones, la identidad de sus eventuales responsables y su impacto sobre la votación siguen sin establecerse.
La exigencia de detener colectivamente a los dirigentes árabes abre además un debate sobre las garantías judiciales, la representación política de la minoría árabe y los límites de las atribuciones de los organismos de seguridad.
Un Parlamento sin mayorías claras
Las elecciones del 27 de octubre dejaron un escenario especialmente complejo para la formación del próximo Ejecutivo.
El Likud de Netanyahu obtuvo 27 escaños, mientras que Yashar, encabezado por el exjefe militar Gadi Eisenkot, consiguió 21 representantes.
Pese a encabezar la votación, Netanyahu no logró garantizar una mayoría parlamentaria para su bloque, que necesita reunir al menos 61 de los 120 escaños de la Knéset.
Los partidos árabes, que en conjunto alcanzaron 19 representantes, se convirtieron así en actores relevantes para la construcción de una eventual mayoría alternativa.
Esta situación explica parte de la tensión política que rodea las denuncias de fraude, particularmente porque la participación de las fuerzas árabes podría resultar decisiva para impedir la continuidad de Netanyahu al frente del Gobierno.
El primer ministro ya había manifestado su rechazo a cualquier fórmula de gobernabilidad que dependiera de la Lista Árabe Unida (Raam) o de la Lista Conjunta, argumentando diferencias políticas y de seguridad.
En contraste, sectores de la oposición, entre ellos dirigentes de izquierda, han defendido la posibilidad de alcanzar acuerdos parlamentarios con las organizaciones que representan a la población árabe israelí.
Los resultados definitivos establecieron que el bloque favorable a Netanyahu reúne 53 escaños, frente a los 48 de la oposición encabezada por Eisenkot y los 19 de las formaciones árabes.
La participación electoral alcanzó el 77,9%, con más de 5,7 millones de votos emitidos, una de las cifras más elevadas de las últimas décadas.
Herzog recibe los resultados y aumenta la presión política
La crisis adquirió una nueva dimensión este miércoles, cuando el presidente Isaac Herzog recibió oficialmente los resultados electorales, ratificados por la autoridad competente.
Herzog advirtió sobre los riesgos de desacreditar el proceso democrático y cuestionó la retórica dirigida contra la comunidad árabe israelí.
Paralelamente, la fiscal general Gali Baharav-Miara rechazó las solicitudes para interrogar a dirigentes árabes sin antecedentes suficientes que justificaran esas medidas.
El conflicto también enfrenta a la Fiscalía con la dirección del Shin Bet, cuyo responsable ha solicitado ampliar las investigaciones sobre una eventual interferencia extranjera.
La nueva Knéset tiene previsto asumir sus funciones el 10 de noviembre, mientras continúan las negociaciones para formar una coalición de Gobierno.
La disputa ocurre en un momento especialmente delicado para Israel, marcado por las consecuencias de la guerra en Medio Oriente, las tensiones con Irán y las profundas divisiones internas sobre la continuidad de Netanyahu.
La posibilidad de que los partidos árabes desempeñen un papel decisivo en la formación del próximo Ejecutivo ha intensificado la confrontación entre los sectores ultranacionalistas y las fuerzas que buscan una alternativa política.
Por ahora, los resultados electorales mantienen su validez y las investigaciones sobre una eventual financiación extranjera siguen abiertas, sin que se haya demostrado que las presuntas operaciones hayan alterado la distribución de escaños.
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