
Rusia elevó este jueves el tono de sus acusaciones contra Ucrania tras un nuevo incidente en las inmediaciones de la central nuclear de Zaporiyia, al advertir que los ataques contra las instalaciones podrían terminar provocando una catástrofe nuclear de consecuencias imprevisibles.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, responsabilizó directamente al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y a su entorno de poner en peligro la seguridad de la planta, después de que un dron impactara el miércoles contra la plataforma de almacenamiento seco de combustible nuclear gastado.
«Existen otros ejemplos de cómo Zelenski y su banda se permiten ocurrencias cada vez más temerarias, mostrando al mundo entero su disposición a socavar la seguridad nuclear de la mayor central atómica de Europa y a provocar una catástrofe nuclear», afirmó la representante de la diplomacia rusa.
Moscú sostiene que el ataque fue ejecutado por Ucrania, una atribución que forma parte de las acusaciones cruzadas que rusos y ucranianos mantienen desde el inicio de los combates en torno a la instalación nuclear.
Zajárova apuntó además contra los aliados occidentales de Kiev, a los que responsabilizó de crear las condiciones para que las autoridades ucranianas continúen con este tipo de operaciones.
«Actos como estos no serían posibles sin el respaldo incesante que los países occidentales brindan a la junta de Kiev», señaló la portavoz, quien aseguró que ese apoyo genera una «ilusión de impunidad» que favorecería nuevas acciones militares.
Rusia reclama una reacción internacional
Moscú volvió a reclamar una intervención más firme del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y pidió que se ejerza presión sobre Kiev para impedir nuevos incidentes en torno a la planta.
La seguridad de Zaporiyia se ha convertido en uno de los puntos más delicados de la guerra iniciada con la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. El OIEA ha establecido cinco principios específicos para proteger la central, entre ellos que no debe producirse ningún ataque desde o contra la instalación, particularmente contra sus reactores, depósitos de combustible gastado u otras infraestructuras críticas. El organismo también ha insistido en que el suministro eléctrico externo debe mantenerse disponible y protegido.
La central cuenta con seis reactores de agua presurizada VVER-1000 y una capacidad instalada conjunta de 6.000 megavatios, lo que la convierte en la instalación nuclear de mayor tamaño de Europa.
Las fuerzas rusas tomaron el control de la planta durante las primeras semanas de la invasión de 2022. Posteriormente, Moscú declaró la anexión de la provincia de Zaporiyia y en octubre de ese año incorporó formalmente la central a la estructura estatal rusa, una decisión que Ucrania y gran parte de la comunidad internacional no reconocen.
Una planta sometida durante años a la presión de la guerra
Los riesgos sobre Zaporiyia no son nuevos. Desde 2022, los combates y ataques registrados en sus alrededores han afectado repetidamente la infraestructura eléctrica y otros elementos esenciales para mantener las condiciones de seguridad.
El OIEA ha documentado pérdidas completas del suministro eléctrico externo, daños importantes en las conexiones con la red y ataques con drones en las inmediaciones. En cada interrupción total, la planta ha debido depender de sistemas alternativos para garantizar funciones esenciales. El organismo internacional ha advertido reiteradamente que la integridad física de las instalaciones, el suministro eléctrico y los sistemas de refrigeración constituyen elementos fundamentales para evitar un accidente.
La instalación dispone de generadores diésel de emergencia precisamente para mantener los sistemas de seguridad cuando queda desconectada de la red eléctrica. Aunque los reactores no estén produciendo electricidad, el combustible nuclear continúa requiriendo sistemas de refrigeración y supervisión.
Hasta ahora no se han registrado liberaciones de sustancias radiactivas al medio ambiente por encima de los límites establecidos ni daños a la integridad del combustible nuclear como consecuencia de los incidentes asociados al conflicto.
En episodios anteriores, los equipos internacionales desplegados en la planta también han reportado explosiones, disparos y actividad militar en sus proximidades. El organismo ha advertido que las restricciones de acceso a determinadas zonas han limitado en ocasiones su capacidad para verificar de manera independiente todas las circunstancias de los incidentes y determinar responsabilidades.
El nuevo choque entre Moscú y Kiev vuelve así a colocar a Zaporiyia en el centro de las preocupaciones internacionales por el riesgo nuclear derivado de una guerra que ya supera los cuatro años y en la que la mayor central atómica europea continúa situada en una zona directamente expuesta a operaciones militares.
La entrada Moscú acusa a Zelenski de poner en riesgo seguridad nuclear tras nuevo ataque en Zaporiyia se publicó primero en El Periodista.
Rusia elevó este jueves el tono de sus acusaciones contra Ucrania tras un nuevo incidente en las inmediaciones de la central nuclear de Zaporiyia, al advertir que los ataques contra las instalaciones podrían terminar provocando una catástrofe nuclear de consecuencias imprevisibles. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, responsabilizó directamente al presidente
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Rusia elevó este jueves el tono de sus acusaciones contra Ucrania tras un nuevo incidente en las inmediaciones de la central nuclear de Zaporiyia, al advertir que los ataques contra las instalaciones podrían terminar provocando una catástrofe nuclear de consecuencias imprevisibles.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zajárova, responsabilizó directamente al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y a su entorno de poner en peligro la seguridad de la planta, después de que un dron impactara el miércoles contra la plataforma de almacenamiento seco de combustible nuclear gastado.
«Existen otros ejemplos de cómo Zelenski y su banda se permiten ocurrencias cada vez más temerarias, mostrando al mundo entero su disposición a socavar la seguridad nuclear de la mayor central atómica de Europa y a provocar una catástrofe nuclear», afirmó la representante de la diplomacia rusa.
Moscú sostiene que el ataque fue ejecutado por Ucrania, una atribución que forma parte de las acusaciones cruzadas que rusos y ucranianos mantienen desde el inicio de los combates en torno a la instalación nuclear.
Zajárova apuntó además contra los aliados occidentales de Kiev, a los que responsabilizó de crear las condiciones para que las autoridades ucranianas continúen con este tipo de operaciones.
«Actos como estos no serían posibles sin el respaldo incesante que los países occidentales brindan a la junta de Kiev», señaló la portavoz, quien aseguró que ese apoyo genera una «ilusión de impunidad» que favorecería nuevas acciones militares.
Rusia reclama una reacción internacional
Moscú volvió a reclamar una intervención más firme del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y pidió que se ejerza presión sobre Kiev para impedir nuevos incidentes en torno a la planta.
La seguridad de Zaporiyia se ha convertido en uno de los puntos más delicados de la guerra iniciada con la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. El OIEA ha establecido cinco principios específicos para proteger la central, entre ellos que no debe producirse ningún ataque desde o contra la instalación, particularmente contra sus reactores, depósitos de combustible gastado u otras infraestructuras críticas. El organismo también ha insistido en que el suministro eléctrico externo debe mantenerse disponible y protegido.
La central cuenta con seis reactores de agua presurizada VVER-1000 y una capacidad instalada conjunta de 6.000 megavatios, lo que la convierte en la instalación nuclear de mayor tamaño de Europa.
Las fuerzas rusas tomaron el control de la planta durante las primeras semanas de la invasión de 2022. Posteriormente, Moscú declaró la anexión de la provincia de Zaporiyia y en octubre de ese año incorporó formalmente la central a la estructura estatal rusa, una decisión que Ucrania y gran parte de la comunidad internacional no reconocen.
Una planta sometida durante años a la presión de la guerra
Los riesgos sobre Zaporiyia no son nuevos. Desde 2022, los combates y ataques registrados en sus alrededores han afectado repetidamente la infraestructura eléctrica y otros elementos esenciales para mantener las condiciones de seguridad.
El OIEA ha documentado pérdidas completas del suministro eléctrico externo, daños importantes en las conexiones con la red y ataques con drones en las inmediaciones. En cada interrupción total, la planta ha debido depender de sistemas alternativos para garantizar funciones esenciales. El organismo internacional ha advertido reiteradamente que la integridad física de las instalaciones, el suministro eléctrico y los sistemas de refrigeración constituyen elementos fundamentales para evitar un accidente.
La instalación dispone de generadores diésel de emergencia precisamente para mantener los sistemas de seguridad cuando queda desconectada de la red eléctrica. Aunque los reactores no estén produciendo electricidad, el combustible nuclear continúa requiriendo sistemas de refrigeración y supervisión.
Hasta ahora no se han registrado liberaciones de sustancias radiactivas al medio ambiente por encima de los límites establecidos ni daños a la integridad del combustible nuclear como consecuencia de los incidentes asociados al conflicto.
En episodios anteriores, los equipos internacionales desplegados en la planta también han reportado explosiones, disparos y actividad militar en sus proximidades. El organismo ha advertido que las restricciones de acceso a determinadas zonas han limitado en ocasiones su capacidad para verificar de manera independiente todas las circunstancias de los incidentes y determinar responsabilidades.
El nuevo choque entre Moscú y Kiev vuelve así a colocar a Zaporiyia en el centro de las preocupaciones internacionales por el riesgo nuclear derivado de una guerra que ya supera los cuatro años y en la que la mayor central atómica europea continúa situada en una zona directamente expuesta a operaciones militares.
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