
Héctor Gutiérrez, un torero nacido en 1998 en la ciudad mexicana de Aguascalientes, que tomó la alternativa en noviembre de 2021 en su país, y que solo había actuado en España como novillero, se alzó anoche como triunfador de la sexta edición de la Copa Chenel, un certamen organizado por la Fundación Toro de Lidia y la Comunidad de Madrid, en el que participan toreros modestos y cuyo premio es formar parte del cartel de la corrida del 12 de octubre en Madrid junto a dos figuras relevantes del escalafón.

El Capea/Marcos, Gutiérrez, Diosleguarde
Cuatro toros de El Capea, y dos -tercero y cuarto- de Carmen Lorenzo, desiguales de presentación, mansurrones, ásperos, de escasa fortaleza y menos casta.
Alejandro Marcos: dos pinchazos y estocada trasera (silencio); tres pinchazos, un descabello _aviso_ y un descabello (silencio).
Héctor Gutiérrez, que confirmó la alternativa: estocada (petición y vuelta al ruedo); estocada caída (ovación).
Manuel Diosleguarde: estocada (silencio); dos pinchazos, estocada _aviso_ y un descabello (silencio).
Plaza de Las Ventas. 30 de julio. Final de la Copa Chenel. Algo más de media entrada (13.268 espectadores, según la empresa).
Los toros debutantes de El Capea, descastados y de embestida descompuesta, impidieron el triunfo de la decidida terna de finalistas
Héctor Gutiérrez, un torero nacido en 1998 en la ciudad mexicana de Aguascalientes, que tomó la alternativa en noviembre de 2021 en su país, y que solo había actuado en España como novillero, se alzó anoche como triunfador de la sexta edición de la Copa Chenel, un certamen organizado por la Fundación Toro de Lidia y la Comunidad de Madrid, en el que participan toreros modestos y cuyo premio es formar parte del cartel de la corrida del 12 de octubre en Madrid junto a dos figuras relevantes del escalafón.
Por primera vez, la final de la Copa se celebró en Las Ventas y para la ocasión se eligieron seis toros de la ganadería de El Capea —que debutaba en una corrida de a pie—, un hierro dedicado casi en exclusividad a los espectáculos de rejoneo, y que ofreció muy escasas posibilidades para el lucimiento. De hecho, el triunfador de la noche solo pudo dar la vuelta al ruedo en su primero, un bondadoso animal —el único—, sin apenas fortaleza y con cara de echar de menos a los caballos, y fue aplaudido en el otro, dificultoso y descompuesto.
A pesar de ello, Gutiérrez levantó el trofeo del certamen por su entrega y compromiso durante todo el festejo. No es un exquisito con los engaños, pero destacó por su valor y decisión, que le hicieron participar en quites y a exprimir la escasa colaboración de los dos toros de su lote.
Decepcionaron las reses de El Capea, desiguales de presentación —muy justos de trapío y cómodos de cara algunos toros—, que desarrollaron un juego desordenado en el primer tercio, se defendieron con poca casta en la muleta y deslucieron el esfuerzo de los toreros.
El diestro mexicano confirmó la alternativa con el primero de la tarde, sin fiereza y de frío comportamiento, ideal para el rejoneo, descastado, obediente y soso, y pudo destacar en una templada tanda de redondos y un buen natural antes de cobrar una estocada fulminante que le permitió dar la vuelta al ruedo tras una leve petición de oreja. En el otro, de corto viaje, sin clase y que acudía con la cara alta, Gutiérrez demostró que no se asusta ante las dificultades y se jugó el tipo con gallardía ante el feo comportamiento de su oponente.

Menos opciones tuvieron sus compañeros de la final, los salmantinos Alejandro Marcos y Manuel Diosleguarde, que llegaron a la plaza con la firme decisión de luchar hasta el final por el trofeo, dos toreros con capacidad y hondura en sus manos que se estrellaron ante las muy escasas condiciones de sus toros.
El lote de Marcos derrochó genio e incomodidad, lo que permitió que el torero diera la impresión de que puede dar más de lo que demostró en el ruedo. Tiene oficio y luce buenas maneras, pero ni lo uno ni las otras le sirvieron para triunfar.
Y Diosleguarde tiene clase y hondura e imprime pasión a su toreo, lo que le permite conectar con facilidad con los tendidos. Manejó con soltura el capote en la larga cambiada en el tercio y las verónicas con las que recibió al sexto, y en un quite por chicuelinas rematadas con una revolera que compartió con Gutiérrez en el tercero, dibujó largos y sentidos pases de pecho, y posee sentido del temple y gusto en el trazo de los muletazos. Pero su primero se desinfló muy pronto, y los buenos naturales finales y los ayudados por alto con los que finalizó la faena del sexto solo le sirvieron para dejar un buen sabor de boca en su paso por Las Ventas.
Cuatro toros de El Capea, y dos -tercero y cuarto- de Carmen Lorenzo, desiguales de presentación, mansurrones, ásperos, de escasa fortaleza y menos casta.
Alejandro Marcos: dos pinchazos y estocada trasera (silencio); tres pinchazos, un descabello _aviso_ y un descabello (silencio).
Héctor Gutiérrez, que confirmó la alternativa: estocada (petición y vuelta al ruedo); estocada caída (ovación).
Manuel Diosleguarde: estocada (silencio); dos pinchazos, estocada _aviso_ y un descabello (silencio).
Plaza de Las Ventas. 30 de julio. Final de la Copa Chenel. Algo más de media entrada (13.268 espectadores, según la empresa).
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