
Siempre es un 4 de julio de feliz y melancólica pirotecnia oscura en el mundo de Ray Bradbury. El escritor que nos llevó a las ciudades muertas de los marcianos desde rutilantes cohetes lanzados en la rural Minnesota y nos hizo ver como nadie el resplandor tenebroso de las viejas ferias ambulantes, combinó de manera portentosa la alegría y la calidez de la vida —simbolizada en el júbilo de los veranos de la infancia y las maravillas que ofrece nuestro mundo y allá afuera el universo— con la otra cara de la existencia: las cosas y la gente de otoño, el reverso sombrío y extraño donde reinan los esqueletos y el asombro se tiñe de misterio sobrenatural y de escalofrío.
Se publica la mayor antología en español de los relatos del escritor: más de mil páginas de cohetes rutilantes, marcianos melancólicos y fantasías estremecedoras 
Siempre es un 4 de julio de feliz y melancólica pirotecnia oscura en el mundo de Ray Bradbury. El escritor que nos llevó a las ciudades muertas de los marcianos desde rutilantes cohetes lanzados en la rural Minnesota y nos hizo ver como nadie el resplandor tenebroso de las viejas ferias ambulantes, combinó de manera portentosa la alegría y la calidez de la vida —simbolizada en el júbilo de los veranos de la infancia y las maravillas que ofrece nuestro mundo y allá afuera el universo— con la otra cara de la existencia: las cosas y la gente de otoño, el reverso sombrío y extraño donde reinan los esqueletos y el asombro se tiñe de misterio sobrenatural y de escalofrío.
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